Vencedor



Desde que teneis catorce años que lo llevais viendo. Siempre de madrugada, en las noches más delirantes, rara era la vez que no os lo encontrabais. El mimo de Las Ramblas. Haciendo su número. Siempre el mismo número: Una especie de moonwalk a lo Michael Jackson, el clásico rollo de palpar la pared ante él como si estuviera encerrado… Y como erais unos capullos, porque sabes que lo érais, y la pregunta sería si acaso habeis dejado de serlo; pues como erais unos capullos os dedicabais, toda la pandilla, a increparle y a reiros de él.

Era una tradición establecida ir a putear al mimo de Las Ramblas. Todo empezó el dia en que alguien, alguno de los colegas, le echó una moneda, un duro, cinco pesetas, y al considerar eso el mimo como un insulto, os la lanzó con mala hostia y empezó a insultaros. No sabía lo que estaba haciendo. No provoques a un grupo de adolescentes aburridos. Empezó el enfrentamiento. A partir de entonces siempre había una excusa, cuando la noche no tenía muchas expectativas, para ir a molestarle. No era difícil hacerlo. Con pararse a mirarle más de cinco minutos sin pagar el peaje era suficiente. El mimo se cabreaba y se cruzaba de brazos, mientras os miraba mosqueado. Álvaro disfrutaba con este reto. Luego, el mimo os insultaba o terminaba por irse, y alguna vez habíais llegado a seguirle para ver a donde iba.

Y pudisteis ganar alguna batalla, pero no la guerra, porque pronto os aburristeis de perder el tiempo así. Y cuando pasabais por su lado, en otra noche ociosa, ya no os molestabais en provocarle. La pandilla no tardaría mucho en romperse. Os hicisteis mayores. Fuisteis acumulando responsabilidades, éxitos o fracasos, cambiando de camino, de piel y de expectativas. Pero el mimo no. Él seguía con su rutina, inalterable, noche tras noche, en el mismo lugar, a las mismas horas, haciendo los mismos movimientos.

La última en que le viste actuar, hace poco menos de medio año, pensaste en todo esto, desordenadamente, como ahora, te diste cuenta de que hacía más de una década desde la primera vez que le viste, y que verdaderamente desde entonces no había cambiado nada, ni la ropa, ni los movimientos, ni su gesto impertérrito, y entonces lo supiste: El mimo de Las Ramblas os había vencido.

2 comentarios:

sin querer te atropello dijo...

petit, vas a flipar en pantomimo porque me acabo de tomar una caña con el susodicho

en silencio

y si quieres conocerlo de veras, yo te digo dónde, y si quieres que te de una pista... dime cuando te pasas por el carbono 14... que ya tardas

celosa, que eres una zelosa
grgrgrgrgrgrgrrrrrrrrr!!!

Laura dijo...

Muchas gracias por pasarte.
Ya tengo tu blog en el blorrol

PD: No puedo ni con los mimos ni con los acordeones.