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Cuando el templo descansa.

Había olvidado la violencia latente que se respira en esta ciudad. De hecho, creo que incluso ha crecido desde que yo iba al instituto aquí, hace 32 años. Es una violencia que se combina con la solidaridad urbana de una manera desconcertante. La presión cotidiana es latente, y parece que la única manera de sobrevivir a ella es cultivando la alienación. Esta semana me he acostumbrado a sentarme a escribir en un parque infantil en Brooklyn, donde reinan los niños blancos, cuidados muchos de ellos por mujeres negras o latinas. Supongo que es lo más normal del mundo, ¿por qué llevar a tus hijos al parque si puedes usar ese tiempo en ganar dinero? Paseo con mi hermana por Tribeca, y como hace mi hijo o algunos de mis amigos más pudientes, le provoca que yo use la palabra privilegio. La entiendo, en el fondo. Yo también soy vulnerable, por más que no quiera, a este smog neoliberal que nos baña. La veo satisfecha, ahora que siente que, después de tres años, ha ganado el pulso a Manhattan. Eso le da seguridad y orgullo. Y como soy su hermano mayor, eso me hace feliz. Tan solo espero que sus afectos encuentren un lugar sano donde desarrollarse en medio de estos pesticidas capitalistas. Veníamos de público del Daily Show, uno de los late nights más escorados a eso que aquí se llama izquierda, en el fondo una trinchera más de esa guerra cultural que ahora está bien caliente, cerca como están las elecciones presidenciales. Mientras ríes y aplaudes, presionado (y muy bien presionado) por un talentoso comediante de stand-up que se dedica a preguntar a algunos de nosotros de qué trabajamos (la mayoría responde que en corporaciones multinacionales) y a hacer chanza, dos armarios empotrados nos vigilan sin ningún pudor. En un momento me olvida de la regla de no mirar el móvil en las pausas publicitarias porque he recibido un mensaje de mi mi mi mi mi mi mi amor y me quedo embobado leyendo lo mucho que le ha gustado El 47 del colegui Marcel Barrena, así que uno de los armarios empotrados se dirige a mi como si estuviera a punto de fumarme una pipa de crack ahí delante de todo el mundo (adicción que no es necesariamente peor que la del móvil), pero yo aún no le he visto, absorto como estoy en la pantalla, así que un miembro del público detrás mío me golpea la espalda con mala folla. Hay quién me mira, asegurándose que registre su desaprobación, y el gilipollas de detrás mío me critica a tono para que yo le escuche. Había olvidado el desprecio que en este país se merece cualquiera que no asuma el orden social, aunque sea por error. Todo esto, al ritmo de una música pop/urban/mainstream a toda hostia que suena en cualquier momento que uno pudiera acogerse al silencio. Are we having fun yet? El mundo del show-business y el totalitarismo bailan pegados, igual que baila el mar con los delfines, como ya nos avisó (antes incluso de Guy Debord) Elia Kazan aka el chota con A voice in the crowd. 



A ver, en un principio, Andy Griffith, el prota del peliculote que acabo de mencionar, como yo, como mi hermana, como mi hijo, como el capullo de atrás, como tú, lo único que quiere es ser visto. Luego ya viene toda la posesión infernal del enano fascista que se crece dentro suyo. Esta ciudad, con todo, es preciosa, y es la capital mundial del culto a la individualidad. Aquí todo el mundo se desplaza de un sitio a otro como si estuviera siendo admirado por el resto de la Humanidad. Paradójicamente, es la mejor manera de pasar desapercibido. Si algo aprendí aquí es a vivir la propia individualidad con orgullo, a celebrarla. Pero si en lo más íntimo no te sientes visto, este lugar es insoportable. Con catorce años, ya tenía muy claro que tenía que buscar un lugar fuera del hogar para que me vieran, por eso decidí dejar Manhattan y volverme a Barcelona, porque allí al menos no tenía que convivir con un no-padre que no me veía. En el Raval acabé encontrando, por primera vez en mi vida, un entorno social en el que por fin sentía que se me veía. La gente, cuando no se siente vista, termina por mirarse a sí misma demasiado, para compensar. Por eso vamos como vamos, construyéndonos burbujas que reflejen nuestra imagen. 

Por eso recupero este blog, porque sé que un blog, en 2024, no lo va a mirar ni el tato. Pocos actos de libertad com el de escribir para nadie. Escribo más que nunca, ultimamente, pero escribo para ganarme la vida, con el objetivo de construir relatos accesibles y universales (desde mi honestidad más esencial, qué coño, que una cosa no quita la otra) que provoquen emociones y abran puertas de reflexión a un público potencial. O escribo en mi diario páginas de un cuaderno de bitácora sin ninguna intención estética (y mi deforme caligrafía es prueba de ello). Pero escribir como el que canta al aire, buscando la belleza de las palabras, con la intención de seducir a la nada, sin la necesidad de llegar, de interpelar, solo para gozar, eso es algo que echaba de menos. La idea es comprometerme a escribir una entrada por semana. En principio publicarla los jueves. Hoy es jueves (en NY, en Europa es viernes ya, lucky you). Y hoy empiezo mi disciplina semanal con esta entrada.

Mi cicerone Eugene me lleva la iglesia de Times Square, donde en el teatro, por la noche, una performer transexual con alas negras es. Poca cosa más de lo que hace tiene interés, pero su presencia, su estar, ya es suficientemente interesante como para observarla durante media hora. Después de ella, un grupo de latinoamericanos homenajean a Eduardo Galeano y sus Espejos paseando por la sala con la cara pegada a un espejo: Una imagen perfecta, anque no sé si voluntaria, de este culto a la individualidad que podría ser la verdadera religión secreta de Manhattan. 


Cuando el espectáculo termina, Eugene y yo nos colamos en la Iglesia, vacía, nocturna, a oscuras. Son solo unos segundos, entre las sombras. Y ahí algo se relaja, pudiera ser que cuando el templo descansa es cuando más cerca está de aparecer lo sagrado. 

Peceras de agua cristalina y sucia.

“Mi padre no era un hombre de verdad.



Era un gran, famoso, prestigioso, querido, admirado, venerado, vanagloriado, actor de palabra. Cuando pienso en él, excepcionalmente, siento en los pelos de mi nariz ecos de madera recia, y se me aparecen ante mi dos peceras de agua cristalina y sucia, con peces rojos, hinchados.

Cuando pienso en él, excepcionalmente, escucho el olor estancado del barro negro aferrándose con los dientes apretados a sus pulmones; y creo que tengo miedo.

Veo, borrosa, la platea acariciándole con aplausos. Con lágrimas. Mi padre se bebe sus lágrimas y se empacha y tiene más y más sed, porque todo el mundo sabe que las lágrimas son como el agua del mar, que dan más sed, y supongo que es por eso que apostaría los dos átomos de vida que me quedan a que siempre que volvía a casa, mi padre, desprendía una sofocante peste a vino agrio.

Sobre el escenario, el gran actor de palabra se sostenía sobre dos troncos gruesos, recios, salvajes. En casa, sobre dos alfileres chamuscados.

Golpes y libros. De eso sí que me acuerdo.



Teníamos un vecino, creo, no sé, teníamos un vecino también con barro negro en los pulmones. Los libros, encadenados en cuero. Un vecino, creo que teníamos, con dos peceras también, turbias las suyas. Él también acariciaba a mi padre, pero lo hacía con golpes. Los dos bebían vino agrio juntos y, un día este vecino, si es que llegó a existir alguna vez, marcó los nudillos de sus puños a hierro ardiendo sobre las costillas de ceniza de mi padre.

Lógicamente, para vengarse de los golpes del vecino mi padre volvió a casa para golpearme a mi.

Una y otra vez.

¿Donde estaba mi madre? Yo no sé si nunca llegué a conocer el olor de mi madre. (pausa) Los libros, empachados de páginas. Mi padre ya me había golpeado otras veces, creo que era, de hecho, una ancestral tradición familiar, y siempre es importante hacer un esfuerzo en mantener las tradiciones.

Pero aquella vez...

De los golpes sí que me acuerdo.



Decidí vengarle, defenderle, creo que deseaba ser el héroe que él me había enseñado a ser, cuando estaba sobre el escenario. Así que, y tal vez esto tan sólo lo soñé, creo recordar que cogí el viejo trabuco que el padre de mi padre guardaba de la guerra, que estaba dentro de una caja escondido en un rincón sobre un armario carcomido en el altillo, si es que teníamos altillo, y subí con el trabuco al tejado y esperé a que asomara su pelo grasiento el vecino de peceras turbias.

Y cuando le vi apunté a su corazón.

Le hice una caricia suave al gatillo, este tuvo un orgasmo de pólvora y la bala sólo rozó el dedo meñique de su pie izquierdo.



No sé si el vecino llegó a verme o no sobre el tejado, si es que llegó a existir alguna vez. Pero, por si acaso, se vengó marcando de nuevo sus nudillos sobre las costillas de mi padre. Yo me escondí bajo las sábanas y las mantas, las tradiciones ancestrales familiares me hacían ir siempre a dormir temblando, pero aquella noche sentía que el cielo mismo podía caerme encima. Las páginas, empachadas de palabras. Mi padre entró rápidamente en mi cuarto después de la nueva paliza del vecino, creo, y no dejó de golpearme hasta desmayarse del cansancio. Cogió toda la biblioteca, en casa nos enorgullecíamos de ser hombres muy leídos, y la descargó completa sobre mi cuerpo arrugado.

Uno a uno.

La sabiduría completa de la civilización occidental sobre mis espaldas. Las palabras, empachadas de tinta. Tal vez por eso yo sea tan distinguidamente culto.

Sí, de los golpes sí que me acuerdo.”

Amb el menjar no s'hi juga.

"Els somnis tenen aquestes coses, ens parlen de les ombres que volen per l’aire i que els nostres ulls no tenen prou força per veure. Només hem de saber escoltar els somnis. Si sabem escoltar els somnis deixarem de patir, estimat Jack. Volem deixar de patir, oi, Jack? En el fons és l’única cosa que volem."

Desperado

A veces apetece hacer el ejercicio de coger un viejo texto, desvestirlo y vestirlo de nuevo.




Es luna llena. Y es enorme. Grandiosa. Preciosa. ¿Yo? Borracha ya.

Me había acostumbrado a las Coronitas. Las Coronitas me gustan. Bastante. Pero luego descubrí la Desperado. Prácticamente igual, ¿no? Es cerveza de esa clara, no sé, cerveza blanca, cerveza suave … Pero la Desperado además tiene un algo de tequila.

Triunfazo.

A mí me gustaba antes tomar Coronita y luego Tequila, pasar de una a otra, ¿no? Primero una, luego otra, Coronita, Tequila, Coronita, Tequila... Ahora con la Desperado mato dos pájaros de un tiro.

Desperado, mi cerveza.



Una chica de la compañía me contaba que, a sus cuarenta ya, lo único que sigue haciendo a veces y que no ha dejado de hacer desde que es una cria porque le sale así es bailar sola y mirarse al espejo. Y eso es lo que yo estoy haciendo: Estoy bailando sola y mirándome al espejo. Guillaume no aparece desde ayer por la noche. Me fui a cenar con la gente, la gente de la compañía, y cuando volví a casa, bien pronto que era, él ya no estaba.

Antes eso me jodía. Desaparecía y yo de los nervios. Sola. Vacía. Muy mierda.

Ahora, quiero decir hoy, no es que me dé igual. No. Es que, mira, hoy le doy las gracias. Hoy, de puta madre. Sola. Nadie. Me he hecho la comida primero, muy pronto, un poco de seitán estofado y una crema de calabacín. Un secreto, el jengibre. Importantísimo. Luego me he fumado un cigarro, una peli de asesinos y abogados en la tele... Sólo un cigarro en todo el día. En la primera tanda de anuncios yo ya me he dormido. Me despierto, dos horillas, y me toco un rato. Muy buena paja. Excelente. Ni me ducho ni me lavo el coño y me pongo a beber. A beber y a bailar mirándome en el espejo. Y cómo ya es de noche, como el día ya ha acabado, también me he puesto a fumar. Y esta luna.

Oigo abrirse la puerta. Entra Guillaume. Viene con un chaval. El chaval sonríe, incómodo, veintitantos, ojos saltones... Bueno, no tiene los ojos saltones, pero debería tenerlos saltones, es el típico chaval que debería tener los ojos saltones. Pero no los tiene. Guillaume me lo presenta, me dice el nombre pero lo olvido justo en el momento en que me lo dice, porque estoy pensando en eso de los ojos, ¿no? Por la manera en como me lo presenta lo comprendo.

Pereza enorme.

Guillaume me da a entender que esto lo habíamos hablado, que habíamos concertado esta noche. Yo no lo recuerdo. Yo no sé... Pero es posible que me haya olvidado, tal vez. Meterme en la cama, es lo único que me apetece ahora. Pero Guillaume y el chaval de boca tensa que no tiene los ojos saltones se hacen unas rayas en la mesa del comedor y yo miro por la ventana y veo como el viento mueve los árboles de enfrente y se puede escuchar a los adolescentes punkis que se encuentran y gruñen y algún subnormal ha pintado una esvástica en la pared de la calle de enfrente y las gaviotas vuelan bajo y gritan y Guillaume pone The XX en Spotify, The XX pone (pon-chim-pom-chim-pon-chim-pón), the XX, él y el chaval de la boca tensa siguen hablando y me ofrecen una de las rayas y yo pues digo, me digo “¿por qué no?” y abro tres cervezas más, una para cada, y las reparto y como que decido que no, que no me voy a ir a la cama aún. Yo le digo a Guillaume con los ojos, porque se lo digo con los ojos, yo le digo, se lo digo, que debería haberme avisado, como mínimo un whatsapp, una llamada. Me responde, él con los ojos también, con los ojos, que si quiero yo ellos dos se marchan y ya está y lo dejamos aquí. Me vuelvo a ver reflejada en el cristal de la ventana. Me siento guapa, hostias. Yo soy guapa. Soy una tía guapa.



Guillaume se levanta y se sienta a mi lado. Me quita la botella de cerveza y empieza a besarme. El chaval de boca tensa está en el sofá y nos mira con sus ojos que no son saltones. Guillaume me levanta la camiseta y mis tetas salen al exterior y Guillaume me las toca. Guillaume sabe tocarme las tetas. Baja la mano hasta mi coño y con la otra llama al chaval de la boca tensa, que se sienta a su lado y se empiezan a besar.

Se empiezan a besar.

Recuerdo cuando al poco de conocerle, a Guillaume, digo, nos liamos con su amigo Patrice, sí, Patrice. Aquella vez fue la primera vez que lo hicimos con otra persona y, con diferencia, fue la más divertida. Potente. Estábamos en un hotel en Toulouse, habíamos ido a pasar unos días aprovechando un bolo, nos habíamos metido un poco de cristal y habíamos subido en pelotas por el hotel a la piscina que había en la terraza y nos tiramos y nos pegamos un buen chapuzón. Noche, invierno, agua helada. A ver quien aguantaba más. El cuerpo de Patrice, pelirrojo, lleno de pecas por todos lados. De la piscina nos fuimos corriendo otra vez de vuelta a la habitación, una ducha, los tres. Cachonda. Follamos los tres en la ducha. Follamos muy
bien. Excelente. Luego a la cama.

Un momento me aparto del juego y me siento en la repisa de la ventana, frio, yo satisfecha. Patrice penetra a Guillaume.

Patrice penetra a Guillaume.

Me gusta.

Apenas llevaba dos meses con Guillaume, no le conocía mucho, pero ya me entregaba yo. Vicioso, loco. Me pone. Me da miedo. Cuerpo grande, seco, fuerte, nervio. Protección. Hostias. Una vez un tío me tocó el culo en una fiesta y, Guillaume, a hostias. Como de otra época. Me hablaba de la guerra. Foto antigua. Con una pipa. Y estaba ahí delante. Patrice, pelirrojo, reventándole el culo. Guillaume, abierto. Yo, manchada del semen de los dos. ¿Qué iba a hacer? Me dio la risa.

Pero, ¿por qué me reía?

Estaba a gusto. No era el cristal, no, que también, es que estaba a gusto.



Patrice sí que tenía los ojos saltones, el chaval de la boca tensa no. Guillaume le masturba mientras me come el coño. Patrice ya no está. Patrice es otra historia. En Spotify, The XX. Mi coño, cerrado. Me quiero levantar. Quiero otra Desperado. Escenas ni de coña. Pero me quiero levantar. Me levanto. Señal gráfica: Me enciendo un cigarro. El tercero de la noche, el cuarto del día. Calada. No les miro. La señal es muy gráfica. Me voy al lavabo. Guillaume dice algo, pero yo estoy entrando en el lavabo, cerrando la puerta del lavabo, dentro del lavabo con la puerta cerrada y cierro el pestillo de la puerta del lavabo. Otra calada. No he cogido la Desperado que quería coger. Me miro en el espejo. Estoy muy guapa. Soy muy guapa.

Afuera, Guillaume habla con el chaval de la boca tensa que no tiene los ojos saltones y no entiendo lo que dicen pero Guillaume, sus pies, los pies de Guillaume acompañan al otro y le llevan a la puerta y la puerta se cierra y luego hay un silencio.

Calada.

Patadas en la puerta. Guillaume grita. Ridículo. Ira. Enfado. Cocaina. Soledad. Guillaume grita. Última calada. Abro el paso del agua de la bañera. Guillaume golpea la puerta. Golpea. Y Golpea y golpea y golpea. Que abra. Me está gritando que abra. Yo sé lo que va a pasar cuando abra. Yo sé lo que va a pasar. Tú lo sabes. Podría no abrir nunca la puerta. Si no abro la puerta pasará mañana o pasará de aquí unas horas.

Si abro la puerta ahora pasará ahora y nos lo quitaremos de encima ahora.

Así que abro la puerta.

Y Guillaume deja de golpear la puerta y me golpea a mi. Dos pasos para atrás. El paso del agua de la bañera sigue abierto. Me duele la nariz.

No me sale sangre.

Guillaume no está.

Creo que ha vuelto al salón.

Sólo un puñetazo.

Sólo me ha pegado un puñetazo.



Voy al salón y le veo haciéndose una raya y no me ve y cojo el palo de la fregona y este es el momento y me siento feliz porque lo levanto con fuerza y con fuerza lo dejo caer sobre su espalda y el palo suena bien fuerte al chocar contra su espalda y Guillaume cae al suelo y se gira y luego se levanta rápidamente y yo estoy quieta, con el palo en la mano, y lo suelto, lo suelto casi para que él lo coja, y él lo coge y me empuja, y caigo, y me golpea con el palo una vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez. Y no me golpea más.

Y me vuelve a dar con el palo de nuevo, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez.

El paso del agua de la bañera sigue abierto.

La puerta se cierra.

Guillaume ha salido, creo que Guillaume ha salido.

Sí.

Guillaume ha salido.

Con un movimiento de cuello, sólo un movimiento, muy pequeño, me veo reflejada en el espejo.

Soy muy guapa.

Quiero otra Desperado.

Desperado es mi cerveza.


Els clatells ben pelats.



“Mi padre era un buen hombre.

Era peluquero militar.

“Clatells pelats” –decía siempre él. “Els clatells ben pelats”. “A un home s’el pot mesurar per com té de rasurat el clatell”.

Él, en cambio nunca tenía la nuca rasurada del todo. Siempre tenía un poco de pelusilla brotándole cómo hierbajos salvajes. Era un buen atleta.

Boxeaba.

Bueno. No. Era un patán como deportista, un boxeador horroroso. Pero sus contrincantes siempre se dejaban ganar porque les caía muy simpático. Y porque mi padre sabía que era un patán y no se arriesgaba demasiado, también.

Un buen hombre. El mejor peluquero de todo el ejército. Sabía todo lo que hay que saber de un hombre sólo con mirarle la nuca. Cuando yo volvía de la escuela lo primero que hacía era palparme el cráneo y sabía si me había portado bien o mal y si tenía que castigarme o no. Te juro que no sé cómo lo hacía, pero siempre acertaba. Era rápido. Era un peluquero muy rápido. Era capaz de pelar medio centenar de reclutas antes del primer mordisco del desayuno. Y ni una gota de sangre.

Nunca hería a nadie.

Y no es porque fuera buen peluquero, que lo era, y mucho, es que él era muy buena persona. Se escondía para que no le vieran, y lloraba como un infante, si desatinaba con la tijera y del roce con la piel podía abrir una herida que dejase brotar la mitad de media gota de sangre. Por eso le gustaba tanto beber, porque era un hombre muy sensible.

Cómo lloraba mucho tenía que beber mucho.

Y antes de beber agua, como era bueno pero no era tonto, pues prefería beber vino. Cuando llegaba por la noche a casa estaba rojo, sudaba tinto, y dejaba tras él un camino de pelos cortos y pequeños como hormiguitas en fila india. Nos tocaba el cráneo a todos, creo recordar que éramos seis hermanos, pero sólo me castigaba a mi.

Seguramente yo era el más pequeño.

Eso sí, y de eso sí que me acuerdo, por la noche, cuando todos los demás estaban durmiendo, se sentaba al lado de mi cama y me contaba un cuento.

Era un gran narrador.

No. Como narrador era un patán, era imposible entender dos frases seguidas de lo que decía. Pero, contando historias, era simpático.

A su alrededor revoloteaban cachitos de pelo minúsculos como mosquitas de basura, y desprendía un olor a vino tan fuerte que yo me emborrachaba tan sólo de respirar.

Tal vez por eso me dormía tan feliz cuando era un niño.

Porque, sí, de eso sí que me acuerdo.”

Inevitable.


Era inevitable volver a esto del blog.

Si alguien se pregunta qué me ha apartado de actualizar este espacio de onanismo compartido desde julio le ofrezco el siguiente video como respuesta.



El caso es que ya estoy aquí de nuevo. Ya he vuelto.

En los próximos días esperen actualizaciones, textos inéditos y bifurcaciones varias.

Y, por supuesto, se admiten sugerencias. ¿Desean los señores algo en especial?

Visitantes

J y F ante una puerta.

F lleva una carpeta con papeles.

J llama a la puerta.

TOC TOC.

Esperan respuesta.

TOC TOC.

J y F se miran.

Esperan.

Se miran de nuevo.

J llama a la puerta.

TOC TOC.

Esperan.

J llama a la puerta.

TOC TOC.

F: ¿Cuantos años debía tener?

J: ¿Qué? (pausa) No sé.

J llama a la puerta.

TOC TOC.

Esperan.

J: Ocho.

F: ¿Sí?

J: Nueve.

F: Ah.

J llama a la puerta.

TOC TOC

F: ¿Y la gente no lo ve? (pausa) ¿No?

J: No. (pausa) Pero por eso estamos nosotros. No lo digo desde la arrogancia. Yo veo lo que tengo que ver. Y ellos ven lo que tienen que ver. Y así va el mundo. (pausa) Pero así funcionan las cosas. (y llama a la puerta)

TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC

J Y F esperan.

F: ¿Y si no está? (pausa) No, joder, ¿y si no está?

J: Siempre están.

F: Eso no tiene sentido.

J: Ah, ¿tú sabes lo que tiene sentido?

F: Coño hostia puta joder, ¿y si no está?

J: Pues se llama al cerrajero.

F: Pues llamemos entonces.

J: Pero es que seguro que está.

F: ¡Pero si no contesta!

J: ¡Da igual, tío, de verdad, es que siempre están!

Pausa larga.

F: Perdona.

J: (pausa) Te lo estoy poniendo muy fácil.

F: Es verdad.

J: Te lo estoy poniendo muy muy fácil.

F: Sí, tienes toda la razón.

J: No abuses, tío.

F: Perdón.

J: Es una cuestión de empatía. De humanidad. Te lo estoy poniendo muy fácil, ¿entiendes? Y si te lo estoy poniendo así de fácil es por algo, ¿sabes? Hay algo. Hay algo que me dice que te lo debo poner fácil. Hay algo que me dice que tú eres de los buenos, que tú eres de aquellos a los que se les puede tratar bien porque sabrán, a cambio, tratarte bien. Hay algo en ti que me da ganas de ser suave, de ser blanda, de abrirme y de darme toda. (pausa) A ti. (y abre la puerta) Coño.

J y F miran la puerta abierta.

F: ¿Y ahora?

J: Pues ahora se entra.

F: ¿Entramos? (pausa) ¿Los dos?

J: (pausa) Ya.

F: Claro.

J: Sí. Ahí tienes razón. Tienes nobleza. Ahí tienes razón.

F: Bueno...

J: Hay cosas que se deben respetar.

F: ...¿no?

J: Y yo soy una persona flexible. (pausa) Y ahora voy a entrar.

F: Si quieres entro contigo.

J: No. Tienes razón. Tú ves las cosas. (pausa) Ahora salgo.

J entra.

La puerta queda entreabierta.

F: ¿Qué hay de malo en buscar una mujer que lleve las riendas? ¿Qué hay de malo en buscar una mujer que te diga las cosas que no te puede decir un amigo ni un familiar, una mujer que te marque el camino para que tú te tengas que limitar a ser, a respirar, a actuar, sabiendo que hay una red detrás, una red con curvas, con tetas y con un buen chocho, vaya, pero una red? Supongo, ¿no?, que busco lo que buscamos muchos: Una (beurgh) madre. Quiero decir, es así, a ver, tú cuantos exnovios has tenido más o menos? (...) Vale. Y de todos ellos, ¿cuantos esperaban que les ordenaras la vida, que pusieras orden en su existencia y, en el fondo, aunque fueran de muy machitos, aunque llevaran una moto bien grande, o aunque fueran muy modernos y se comprasen la ropa por internet, cuantos de ellos no estaban pidiéndote a gritos, suplicando, como bebés deformes inválidos, como huérfanos de Dickens, cuantos de ellos no estaban demandándote, chupándote la sangre para que les hicieras de madre? De verdad te lo estoy preguntando, ¿cuántos? (...) No, entre nosotros, ¿cuántos novios no buscaban que les hicieras de madre? (...) ¿Te gusta cuidar? ¿No te gusta que un hombre se muestre débil y frágil y se apoye en ti y a cambio te lo dé todo y se dé todo? ¿Todo él? ¿No te gusta?

La puerta se abre.

J sale de la puerta.

Pausa larga.

F: ¿Qué pasa?

J: Está estirada.

F: ¿Cómo estirada?

J: Ven.

F y J entran. Cierran la puerta.

Pausa larga.

Más larga.

Más larga.

J sale.

J: (pausa) Hola. (pausa) Ahora entrará él. En unos minutos. Con un botecillo. De pastillas. (pausa) Yo soy una persona frágil, ¿sabéis? Me he pasado la vida intentando demostrarme lo contrario, pero a mi edad ya no tengo fuerzas para huir de la realidad. Soy una mujer frágil. Pero a veces me parece que no puedo expresarlo, y si me lo parece es porque no puedo expresarlo. A mi me duelen estas cosas. Yo sufro. Veo esto (señala la puerta) y sufro. Pero tengo que aguantar. Un día decidí ponerme en la situación de tener que aguantar, y ya no hay vuelta atrás. ¿Estoy sola en esto? ¿Aquí no hay nadie que se levante por las mañanas, no todas las mañanas pero muchas mañanas, demasiadas, no hay nadie que se levante por las mañanas y piense: “Hoy no voy a poder aguantar. Hoy no voy a poder aparentar que soy fuerte.”? (pausa) Pero te doy miedo, seguro, porque sé que si me miras a los ojos, cuando veas mi fragilidad, cuando veas mi dolor, verás tu propio dolor reflejado en mis ojos y entonces no podrás hacer otra cosa que huir. Y a mi me da igual que huyas, porque no te conozco, no sé quien eres, pero si llegaras a importarme, uy, si llegara a sentir algo por ti, entonces no, entonces no pienso pasar por que me abandones, así que, por si acaso, por mi bien, yo aguanto. No se puede compartir todo. (pausa larga) Por eso, como mínimo, me gusta cuidar. (pausa) Cuando cuido a alguien me siento un poquito más fuerte. Por eso me gusta cuidar. A la gente. (y abre la puerta)

F sale.

F: He encontrado esto.

F muestra un botecillo. De pastillas.

J: ¿Ah sí?

F: Las tenía al lado.

J: Las conozco.

F: ¿Las conoces?

J: No son definitivas.

F: ¿Qué quieres decir?

J: Que hay que llamarles.

F: ¿Llamar a...?

J: Llama.

F: No respira.

J: Nunca se sabe.

F: ¿Lo ha hecho por nosotros?

J: Por nosotros no.

F: Si no hubiera sabido que íbamos a venir no...

J: Llama.

F: Yo vengo para que firme... (señala la carpeta con papeles)

J: Llama.

F: Tú vienes porque, joder...

J: Llama.

F: Y está claro que si no venimos nosotros vendrán otros, pero...

J: ¿Quieres hacer el favor de llamar?

F: ...¿eso qué coño me importa si soy yo el que ha venido y ha tenido que abrir la puerta?

J: La puerta la he abierto yo, chaval. (pausa) Llama.

Pausa.

F coge su teléfono y marca.

F habla por teléfono. Lo que dice es ininteligible.

F corta la llamada.

F: Dicen que ahora vienen.

J: Con suerte le habrás salvado la vida.

F: Ya es mala leche, ¿no?

J: Pues sí.

F: A ver si se dan prisa.

J: Ya verás como sí.

F: Yo no estoy preparado para esto, yo...

J: Bueno.

F: ...aún no, joder, estoy...

J: Así funcionan las cosas. Si tomas un compromiso debes cumplirlo. Si no lo cumples, el sistema tiene sus mecanismos y tú y yo somos parte del mecanismo. Cuando a la gente le interesa se acoge a él, cuando no nos convierte en su enemigo. Y yo no soy la enemiga de nadie, no voy a aceptar ese papel. Soy capaz de salvarle la vida a un niño de ocho. O de nueve años. Y también soy capaz de decirle a una persona que desprecia los mecanismos que su falta de compromiso tiene una penalización, y esa penalización es perder aquello con lo que no ha sabido comprometerse. Aunque eso que pierda se considere un derecho sagrado o inalienable. Yo no soy la enemiga de nadie. ¿Qué hay de malo en la palabra desahucio? Suena tan mal como ortodoncia, pero todo el mundo quiere una buena dentadura, ¿no? (pausa) Yo espero que lleguen y puedan vaciarle el estómago, yo no le he obligado a nada, yo no la conozco. Pero yo sé los sacrificios que yo hago para poder cumplir con mis compromisos y para respetar los mecanismos que nos rigen. Yo sé los sacrificios que hago y veo los que haces tú. Y no sé porqué hay gente que puede saltarse esos compromisos y otra gente, como tú y como yo, que no sólo no puede sino que además tiene que permitir que otros sí se los salten. Lo que te vengo a decir es que yo no me voy a sentir culpable. Y si alguien debe hacer lo que nosotros hacemos, porque es así como funcionan las cosas, prefiero que sea alguien como tú que que sea cualquier otro, prefiero que sea alguien que vea las cosas. Alguien que sea de los buenos. (pausa) Yo soy flexible. (pausa larga) Joder, con suerte le habrás salvado la vida.

F: Después de esto...

J: (pausa) ¿Qué?

F: ...lo único...

J: Dime.

F: Quiero una cerveza. (pausa) Quiero quitarme esto y tomarme una cerveza.

Pausa larga.

J: (sonríe) Pues claro que me apetece.

Suena una música ye-ye así como de película de espías de los setenta.

Es el timbre del teléfono de F.

J y F ríen timidamente.

F responde la llamada.

F: ¿Sí? (...) Gracias.

F cuelga.

F: Están a punto de llegar.

J y F se miran.

OSCURO.

A la Prinzipal.






Al final, la Béré i el Simó ho han deixat.

Potser angoixat per la ruptura, sembla que ell no surt de casa ni per anar a comprar, ja que contracta un veí indi per què ho faci per ell, en Shahrukh.

En canvi, ella aprofita la seva recuperada independència per sortir al mon, viatjar i experimentar amb amants d’amdòs sexes. Tot i això, troba temps per visitar al Simó de tant en tant, preocupada pel seu aïllament.

Els dos personatges intenten mantenir un relació més enllà de la seva fracassada història d’amor, una pretensió potser contra-natura. O potser no.




"Sé de un lugar"

Ella.



Hacía siete años que no volvía a la India.

Siete.

Eso no es normal. Pero no nos lo podíamos costear. Y cuando nos lo podíamos costear yo me tenía que quedar a trabajar. En el restaurante de mi tío. ¿Habéis estado? Una vez vino Harrison Ford. Tengo una foto. Y Pep Guardiola. Te lo juro. Siete años, decía. Si vais podéis decir que venís de mi parte, Shahrukh, mucho gusto. 10% de descuento. Siete años que no iba a la India.

La India. Es mi casa.

Yo siempre digo que tengo dos madres: La India y España. Ya sé, ya sé, España, Cataluña, no voy a entrar en eso. Está bien. Pero yo tengo dos madres. Y luego está la tercera madre, mi madre, la que me dio a luz. Yo quiero que mi madre esté bien, que sea feliz, que esté activa. Se lo merece, mi madre. Yo creo que hizo un buen trabajo. Creo. Por eso quiero que mi madre comparta cosas con la que sea mi mujer. Por eso siempre he pensado que necesitaba una mujer hindú, una mujer que entienda mi cultura. ¿No? Por eso y porque quiero un matrimonio...

...que dure.

¿Sabéis cuál es el primer paso a la hora de, cuando unos padres buscan pareja para su hijo o su hija, sabéis cuál es el primer paso que dan allí? Porque a lo mejor os pensáis que se hace así, y hay un sistema. Hay una organización.

Lo primero es mirar la carta astral. Del chico y de la chica. Y se comparan. El máximo son 33 puntos, pero si sacas 28 ya se considera que es suficiente. Pero menos de 28 puntos ya la boda no se hace. Se considera que con menos de 28 puntos esa pareja no va a funcionar. Y es por eso que hay pocos divorcios en la India. Sólo un 20% de los matrimonios se divorcian ahí, eso quiere decir que hay un 80% de matrimonios que duran toda la vida. Toda la vida.

Toda la vida.

Por eso duran los matrimonios en la India.

Por eso y porque vosotros os conocéis, os enamoráis, vais al teatro, a cenar, os vais de viaje juntos y al cabo de siete años os casáis. Y empezáis a tener vida de familia. Lo que no habéis hecho en siete años. Y entonces descubrís que no os entendéis. Y a los siete meses os separáis. Nosotros nos casamos, no sabemos mucho el uno del otro pero ya nos casamos, y entonces cuando nos conocemos de verdad y nos entendemos y nos apoyamos, para entonces ya han pasado siete años y tenemos cuatro hijos. ¿Que nos queda entonces? Vivir.

Entonces sólo nos queda vivir.

Y todo eso es lo que yo pienso cuando voy a la India. Porque yo vivo aquí, yo soy de aquí, y yo hago lo mismo que vosotros, si no lo mismo el 99% de lo que hacéis vosotros, y me gusta lo mismo que a vosotros. Y cuando llego a la India y me recoge mi primo y ya me entra ese olor tan fuerte, que es olor de casa, pero que también es un olor de agonía, joder, y de desconfianza. Porque para ellos yo soy como vosotros, y me tratan como a un primo, como si yo no me enterara de nada, y yo me hago el tonto porque sí, porque si así se divierten pues que se diviertan. Y me preguntan que qué hago yo aquí.

Que qué hago yo aquí cuando me levanto por las mañanas, y yo les digo: “Pues lo mismo que tú, tío. Me ducho y me lavo los dientes.” No te jode. Pero tú estás viendo una peli en la India en tu casa y no te enteras de como acaba, porque se apaga la luz en toda la calle así, o te caes o te pasa algo y vas al Hospital y de ahí no sales si no es con los pies por delante. Yo, si me pongo enfermo en mi casa, me muero. Por una gripe que aquí te estás ocho días en cama allí con suerte te queman en una pira en Varanasi. Por eso yo no quiero estar ahí. Y no quiero que mi madre esté ahí. Porque si la India funciona es gracias a Dios, gracias a Dios, no será gracias a los médicos, ni a los políticos, ni a la policía, ni a su puta madre. Será gracias a Dios. Somos un país puntero en tecnología, eh, puntero. Tenemos grandes ingenieros. Tenemos la bomba atómica.

Tenemos la bomba atómica.

Y la gente se muere de hambre.

Y aquí, de nosotros, solo veis pobreza. Pobreza y gente bailando y cantando. Pero los bancos en Suiza a petar con nuestro dinero. Y voy con mi primo a casa de la que quieren que sea mi mujer y yo no me atrevo ni a cruzar la calle, y mi primo se ríe de mi y me empuja para que pase y yo, coño, es que si no me atropellan es un milagro, y al lado veo que pasa un rickshaw, ¿sabéis lo que es un rickshaw? Una bicicleta llevada por un tipo que parece hecho de alambre, y detrás, sentados, dos gordos, pero dos gordos, y muriéndose de risa los gordacos, y el pobre conductor sufriendo como que se le van a salir los ojos de las cuencas. Y yo que voy a conocer a la que será mi mujer. Y sólo voy a tener dos o tres minutos para hablar con ella, para hablar con ella y decidir si quiero casarme y estar con ella el resto de mi vida. Toda mi vida.

Toda mi vida.

Toda mi vida.

Y me pregunto, ¿y si la foto engaña? ¿Y si la veo y es que no quiero ni acercarme? ¿Y si no le gusto yo? ¿Y si ella me gusta a mi pero me dice “Estoy enamorada de otro, por favor, diles que no me quieres”?

¿Y si me dice eso? Porque yo vivo aquí. A mi me gusta lo que os gusta a vosotros. Y entonces llegamos a la casa de la chica, porque allí hay casas, claro, no hay, ¿no? Y llegamos y me presentan a sus padres, y estamos en el salón, y yo estoy sudando, estoy sudando, porque hace siete años que no vengo a mi casa. Tengo veintiseis. En ese momento tenía veintiseis. Me queda el 75% de vida por vivir. El 75%. Y entonces entra ella, con una bandeja con pastas y un poco de chai caliente.

Entonces entra ella.

Entra ella.

Ella.



(ilustración de Nuri Téllez, el texto es de un servidor con la ayuda de Manoj Gautam)

Aquí.

I

Mírate. ¿Te atreves? ¿Sí? Va. Mírate. ¿Qué? ¿Qué te parece? ¿Te parece bonito? Mírate bien. ¿No lo ves? Lo ves. Ya lo sabes. No necesitas que te lo repita. ¿O sí? ¿Va a ser que sí? No eres nada. Nada. No eres nadie. Sin mi. Sin mi no eres nadie. Sin mi no existes. Sin mi no necesitas siquiera que hable. No sé porqué pierdo el tiempo, no sé porqué te presto atención, no sé porqué tengo en la cabeza que se puede hacer algo de provecho contigo. No sé quien debe ser que me haya hecho a mi creer que se pueda sacar algo mínimamente sólido de un esbozo como tú. Pero estoy aquí. Tal vez seré masoquista, o tendré complejo de mártir, pero estoy aquí. Si desapareciera un segundo, te desvanecerías. Me necesitas a tu lado como una sombra las veinticuatro horas del día. Si me duermo un segundo eres capaz de olvidarte de respirar. Pero cuando estoy a tu lado... Ah, cuando estoy a tu lado. Lo sabes, ¿no? Claro. Claro que sí. Cuando estoy a tu lado. No tienen ni la más mínima idea. No saben nada. No tienen derecho ni a mirarte. Y tú lo sabes. Cuando estoy a tu lado todo eso te da igual. Y es así como debe ser. Porque nada vale ni un átomo de lo que tú y yo sabemos. Y yo te lo doy. Yo te lo regalo. Y es así. Es todo o nada. Y quién no lo entienda no nos merece. Ni a ti ni a mi. Y quién no lo entienda está muerto. Quién no lo entienda no existe. ¿Y qué nos tiene que importar la gente que no existe? Porque, ¿tú existes? ¿Tú existes? Yo te lo voy a decir. Tú sólo existes si yo estoy a tu lado. Y ahora estoy aquí. Ahora. Ahora sí. Ahora estoy aquí. ¿Qué vas a hacer por mi? Todo, ¿verdad? ¿Qué piensas darme a mi? Todo, ¿verdad? Claro. Por eso estoy aquí. Contigo. Mírate. Mírame. Estoy. Existes.


II

Yo te cuido. Tú tranquilo. Sé que la vida es complicada. Hay demasiadas ecuaciones que hacer. Demasiadas peonzas que giran a la vez y que hay que mantener en marcha. Demasiadas distracciones y demasiadas tonterías. Porque son tonterías. De verdad, para mi no son más que tonterías. Yo me encargo de todo. Yo lo puedo tener todo en su lugar. Yo me encargo. Yo estoy aquí. Yo me ocupo y me preocupo. Yo ya sufro. Yo ya me aburro. Yo ya cuento, yo ya escucho, yo ya explico, yo ya pido, yo ya demando, yo ya soluciono. Yo te gestiono. Yo te amparo. Yo estoy aquí. Tú vete al ruedo, tú juega, tú coge la espada y tráeme un buen trofeo. Tú tráeme un buen trofeo de guerra. Más te vale salir ahí fuera y hacer lo que tienes que hacer. Más te vale ganarte el plato. De tres, yo saco cinco. De doce, veintinueve. De cien, mil quinientos. Pero tú ya sabes lo que tienes que hacer. Nadie te va a entender como yo. Tus necesidades. Tus verdaderas necesidades. Tú verdadera hambre. Tus verdaderas heridas. Oh, puedo ver tus heridas. ¿Cómo puede ser que nadie las haya visto antes? ¿Es que están todos ciegos o es que has sabido engañarles tan bien? Yo veo tus heridas, y yo tengo la medicina. Y yo sé cuando hay que ser severa. Y cuando hay que ser condescendiente. Y cuando sólo eres un niño. Y cuando puedes ser un héroe. Porque tú puedes ser un héroe. Porque tú eres un héroe. El más grande. Y sólo yo soy capaz de entender al más grande. Es así. ¿Arrogante? Realista. Pero hay que hacer lo que hay que hacer. Yo te cuido. Yo vigilo. Yo vigilo la casa. Sal ahí fuera. Sal y hazme sentir orgullosa. ¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Quién eres? Muy bien. Yo estoy aquí. Y yo estoy contigo.



III

La ecuación es sencilla. Yo la tengo, tú la quieres. No soy difícil. El trato es justo. No hay letra pequeña. Y no hay ganadores ni perdedores, entre nosotros. Es un intercambio, como otro cualquiera. Yo quiero comfort. Simple. Yo quiero tranquilidad. Una buena alimentación, un descanso generoso, belleza, respeto. Y lo doy todo. No quiero huecos, ni recovecos, ni laberintos, ni novelas rocambolescas que me quiten el sueño. No quiero aventuras. No quiero hacer ningún esfuerzo. Yo estoy aquí. Y no me pienso mover. Pero yo quiero lo que quiero. Ese es mi precio. Y sabes lo que te doy, ¿verdad? Sabes hasta donde puedes llegar conmigo. Puedes pasarte la vida jugando. Puedes quedarte en pañales hasta la tumba, puedes ser un viejecito flácido que no haya salido jamás en su vida de la cuna. Es muy sencillo para mi. No es más que un gesto. Y el día que se me haga complicado no podrás ni percibirlo, seguirá siendo un gesto a tus ojos. No te voy a engañar, tengo gustos caros. Pero tú puedes con eso y más. Yo sólo tengo que abrirme un poco. Tengo luz para dar y regalar, ya lo sabes. Y estoy aquí. Es para ti. Es toda para ti. Sólo tienes que cogerla. Sólo tienes que alargar un poco la mano. Y darme también lo que necesito. El trato es justo. No soy difícil. Tú lo tienes, yo lo quiero. La ecuación es sencilla. Y estoy aquí.


IV

No estoy aquí. Y no lo voy a estar. Me he ido, si es que alguna vez estuve. No se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido, ¿verdad? Es paradójico, este asunto, ¿no? Me tienes presente, pero yo no estoy aquí. Te acompaño a todas las esquinas, pero yo no estoy aquí. Te beso la frente y curo tus heridas, pero yo no estoy aquí. Te duelo entre el estómago y el sexo, pero yo no estoy aquí. Y en mi ausencia está tu fuente, tu fertilidad se multiplica con mi vacío, tu duelo es lo que me da a luz. Y rellenas tus equis con los restos de mi sombra, pero yo no voy a estar aquí. Y no puedes más que caminar, no sabes hacer otra cosa que buscarme, y quién sabe si yo ni siquiera existo. Quién sabe si yo no soy un sueño. Porque yo no estoy. Y en cambio no ves otra cosa. Y soy el aire que respiras. Y el calor que nace de tus manos. Tal vez no sea más que un delirio, un truco de magia, una broma pesada o un engaño visual, un chiste del azar, una pesadilla a medianoche. Pero te sirvo, ¿eh? Te vengo bien. Te doy frutos. ¿Me has dado las gracias? Ah, ¿cómo me las vas a dar, si yo no estoy aquí? Vaya tramposo desagradecido, vaya compañero indolente con el que he dado a parar. No sufras. No espero nada. Sólo te pincho un poco. Pero no puedo hacerte daño, no puedo ni acariciarte, y te echo mucho de menos, aunque nunca haya existido. Te añoro más de lo que tú me necesitas, y sé que me necesitas mucho. Me gustaría estar. Aquí. Me gustaría poder reconocerme. En tus ojos. Es lo que más desearía. Pero no. No estoy aquí. No existo. Pero te lleno, ¿verdad? Te colmo. Aunque no sea nada, soy todo lo que necesitas, ¿verdad? Yo sí que te siento. Aunque no esté aquí, yo sí que te siento. Conmigo. Siempre.




V

No. No quiero. Ya está. No hay más. No quiero explicarme y no lo voy a hacer. No te voy a dar nada, no quiero darte nada, así que, por favor, para de una vez. No estoy aquí para ti. No estoy aquí para encajar en tus planes. Puedes encadenarme, puedes guardarme en un sótano y tragarte la llave. No te voy a dar nada. Lo que consigas lo habrás robado. No me violes. No me penetres si ves que estoy cerrada. Diente con diente, con los puños apretados, con mis uñas clavadas en mi piel. No me utilices. Búscate otra. Hay muchas por ahí, volando, flotando. No soy un cuenco vacío hecho a tu medida para que tú coloques dentro todas esas ansias sucias y desordenadas que vomitas. Así que para ya. Cada segundo que alargas esto me estás sometiendo, me estás perforando, me enhebras al suelo y aprietas más fuerte el nudo. ¿Eres un monstruo? ¿Eres inconsciente? ¿Cómo puedes sostenerte sobre tus pies sabiendo como sé que sabes lo que estás haciendo conmigo? ¿Cómo puedes ser capaz de atreverte a salir a la luz del sol sabiendo que estoy aquí encerrada sin tener casi aire que respirar ni agua que me calme? ¿Y a mi qué más me da que me necesites ni que me hayas esperado desde que no tenías ni siquiera memoria? ¿Qué culpa tengo yo? No he nacido para ser sacrificio de nadie, y tu dolor o tu hambre me son indiferentes, porque no tienen nada que ver conmigo. Y no he pedido el castigo de la empatía, ni mucho menos tener que abrirte ninguna puerta ni mostrarte ningún camino. Y si tuviera el poder de hacerlo, que ni lo he pedido ni lo he buscado ni sé si lo tengo, si lo tuviera, no quiero usarlo. Porque no quiero estar aquí. No quiero estar aquí. No. No. No. Recojas lo que recojas, yo no te lo habré dado. Porque yo no te voy a dar nada. Nada. Nada. No sé quién te crees que eres. Pero sabes que este no es el camino. No. Esto no es un acto de amor. Esto es un abuso.


VI

Úsame. No quiero más. Todo el mundo tiene un trabajo. Es importante tener un trabajo y saber cuál es tu trabajo. Es importante saber en qué lado estás. Esa es la plenitud: Estar donde tienes que estar. Úsame. No te voy a pedir nada. No tengo derecho. Úsame. Sólo tienes que coger lo que necesites. Disfrútalo. Disfrútate. Pasa un buen rato. Golpéame. Ámame. Tortúrame. Píntame. Fríeme. Rebózame. Explórame. Destrózame. Constrúyeme. Disfrázame. Sórbeme. Ábreme. Saquéame y embózame. Córtame. Reconstrúyeme. Sálvame. Límpiame. Redímeme. Sacralízame. Y reconstrúyeme otra vez. Ese es mi trabajo. Ahí está mi sueldo. Y ahí está mi vocación. Hazme eterna. Muéstrame ahí fuera. Desnuda. Como la verdad, como el agua del que la gente se muere de sed. Conviérteme en eso. Por favor. Conviérteme en algo. Sóplame. Dame aliento. Dame vida. Sólo quiero ser. Sólo tengo que ser. Si no me usas, ¿qué? Si no me usas, ¿quién? Si tú no estás ahí, ¿yo? Por favor. No hace falta, ¿verdad? Dime que no. ¿No? Aquí estoy.




VII

Estoy aquí. Y la traigo. ¿Lo hueles? ¿Notas como te entra por los poros? ¿Notas como invado los agujeros de tu nariz? ¿Notas como empieza a encogerse tu cerebro a golpes? Es para ti. Aquí lo tienes. Y si no soportas el dolor es una buena señal. Si te ahogas en el pozo no te olvides que este es solo el principio. Si las brasas queman tu piel y la abren como escamas al rojo vivo y te desgarra hasta allí donde ni siquiera te quede sangre, si eso empieza a sucederte, no olvides que este es solo el principio. ¿Quieres tu regalo? ¿Quieres saber donde está la sorpresa? Pues ven conmigo. Baja conmigo. Sólo los que son como tú pueden atreverse, sólo los que son como tú pueden llevarle al resto un testimonio. No son lo suficientemente fuertes, lo suficientemente resistentes, como para bajar a buscarlo. Tú no estás jugando. Tú no buscas ninguna placenta. Tú hurgas, y yo sé donde hay que ir. Y no pienso dejar que te conformes con menos. No voy a permitir que tu instinto de supervivencia te traicione. No dejaré que no seas un héroe. Cueste lo que cueste. Vas a resistir. Puedes. Y cuando creas que ya no puedes, entonces, entonces no te olvides que sólo es el principio. Los deformes son ellos, los débiles, los arrogantes. No te darán las gracias, no te regalarán su admiración. Necesitan sentirse más dignos, pero te necesitan, casi tanto como tú a mi. Y te desprecian casi tanto como tú a mi. Pero yo estoy aquí. Y no hay forma, no, ya es demasiado tarde, no hay forma de que desaparezca, no hay forma de que te abandone. Yo no. Yo no te pienso abandonar. Aunque me maldigas un millón de veces, yo estoy aquí. Y sé que me odias, y sé que te quemo, pero yo la traigo. Y nadie va a escucharte. Nadie va a venir en tu ayuda. Somos tú y yo. Estoy aquí. Ya te has entregado, aunque no te acuerdes. Y yo he estado siempre a tu lado, desde antes que decidieras venir, tan sólo me has descubierto. Eso es algo que deberías haber pensado antes, ¿no crees? Ahora ya no hay salida. Y ellos te odiarán, porque lo han construido todo buscando sepultarme, y tú les demuestras que eso es imposible. Pero por eso te necesitan, aunque no quieran aceptarlo. Porque todo el mundo necesita estar alerta, todo el mundo necesita recordarme. Y tú les vas a ayudar. Aunque te escupan. ¿No era eso lo que querías? Ni lo sueñes. Estoy aquí, y no pienso dejar, ni por un momento, ni por un segundo de respiro, no pienso dejar que no seas lo que mereces ser. No. Tú sabes lo que eres. Tú lo sabes. Yo estoy aquí. Contigo. Quiéreme.

VIII

A distancia. Estoy aquí. No tengo que acercarme más. Sin fuego. Sin grandes pasiones. Sin anécdotas. Te doy un poco. Sólo un poco. El resto lo haces tú. El resto puedes hacerlo tú. Es mejor así, créeme. No me necesites mucho. No te apoyes en mi. Soy etérea, ¿no te lo ha dicho nadie? Mi luz no deslumbra, mi luz no ciega, pero tampoco va a hacer tu trabajo por ti. Yo señalo. ¿Te parece poco? Yo señalo, pero el descubrimiento lo tienes que hacer tú. Sí, sí que es mejor así. Es más divertido. Y es más sereno. No hay milagros, no hay regalos, no hay negocio. Pero tampoco estás solo. Qué aburrimiento, entonces, ¿verdad? Qué aburrimiento cualquier otra propuesta. Son todo atajos. Y los atajos no existen. Ah, que se necesita un sacrificio. Pues sacrifícate tú. Vive la experiencia al completo. Pero no hace falta. No hace falta. Tan solo hay que renunciar un poco. Renunciar a las quimeras, renunciar a las leyendas, renunciar a la épica y renunciar a la pereza. Yo sólo señalo el camino. Y es muy lindo así. Es bello. Es armonioso. Y el premio lo consigues tú. Porque te lo das tú. Y yo. Porque también estoy aquí. Aunque no puedas besarme nunca. También estoy aquí. Es mucho mejor así. Todos lo sabemos, que es mucho mejor así. Pero uno a veces se cree los mismos sueños que crea, ¿no? Es fácil que las sirenas se duerman con sus propios cantos. Pero yo no voy a dejarte. Yo te señalo el camino. Yo hago que no lo pierdas de vista. Sólo eso. Y eso lo es todo. Pero hay una cosa, un pequeño detalle, ya lo sabes, es el único precio, y no lo pones tú y no lo pongo yo: Ya estaba escrito así. Es así como funciona. Estoy aquí. A distancia.





IX

Tengo una pregunta para ti. ¿Estás ahí? ¿Estás atento? ¿Estás abierto de orejas? ¿Tienes el pecho poroso? No tengo prisa en que me respondas; pero dime, ¿qué vas a hacer para ganarme? ¿Qué vas a hacer para asegurarte de que yo esté al otro lado de la meta? ¿Qué piensas hacer? Porque siempre hay alguien que pueda ser más rápido que tú. O más astuto. O más luminoso. ¿No soy un incentivo suficientemente goloso para ti? ¿Piensas insultar mi belleza? ¿Cómo sé que me mereces? Porque, ¿de verdad crees que me mereces? ¿De verdad lo crees? ¿Por qué te veo tan quieto? ¿Acaso tienes miedo? ¿Acaso crees que eres poca cosa? ¿Eres poca cosa? ¿Eh? No me merezco menos. No me merezco menos. ¿Estás sudando? Yo no te veo sudando. Estás cómodo, ¿verdad? Estás confortable. No te preocupes, el premio será para quien tenga que serlo. Tal vez las cosas se vean bien desde la fila del fondo, así puedes tener bien una imagen general, ¿no? Una imagen tranquila, serena. No hace falta pringarse, ¿no? No todo el mundo tiene porqué enfangarse. También tiene que haber público. También tiene que haber gente que se contente con, gente a la que ya le sea suficiente, que no pida más, gente que ya se quede tranquila siendo, sencillamente, llanamente, espectador. Un simple espectador. Porque no me quieres, ¿verdad? De verdad no me quieres. ¿De verdad no me quieres? ¿Pues a qué esperas? Yo no te veo sudando. Aquí estoy. No pienso moverme. Los hay que ya corren. Aquí estoy. Sólo tienes que levantarte. Había pensado que tú tal vez... ¿Tú tal vez? Aquí estoy. Ya lo sabes. Te va a gustar. Te puedo hacer muy feliz. Te voy a hacer muy feliz. Sólo tienes que intentarlo. Sólo tienes que intentarlo un poco. Yo confío en ti. Más que nadie. Yo no doy segundas oportunidades. Aún puedes un poco más. Un poco más. Aún puedes. Estoy aquí. Aquí estoy. Sí. ¿Sí? ¿Estás ahí?












Los fotones salen de esta web.







Lola, la comedianta.

Hace unos meses, en esta entrada, comentaba un peculiar proyecto que estábamos cocinando un grupo bastante heterodoxo.

Finalmente, el pastel salió del horno en la clausura del Festival de Teatro Temporada Alta, en Girona.

Y, aquí, cortesía de mi amiga y socia Marina Raurell, tienen un pequeño aperitivo del espectáculo.

LOLA LA COMEDIANTA 'Oscuridad' from marinaraurell on Vimeo.



El resto, esperemos, en un teatro cercano a su casa. La de usted, digo.

Fora de temporada



La FRUTA 1 está colgada del árbol. La FRUTA 2 lleva un rato sobre el cesped.

FRUTA 1
¿Cuanto tiempo llevas?

FRUTA 2
¿Eh?

FRUTA 1
(pausa) Ahí, digo.

FRUTA 2
Sí.

FRUTA 1
¿Cuanto tiempo llevas ahí?

FRUTA 2
No sé.

FRUTA 1
(pausa) Te echo de menos.

FRUTA 2
(pausa) ¿Sí?

FRUTA 1
Muchísimo. (pausa) ¿Me echas de menos?

FRUTA 2
Tengo frío.

FRUTA 1
¿No me echas de menos? (pausa) Dímelo.

FRUTA 2
(pausa) ¿Qué?

FRUTA 1
Dímelo.

FRUTA 2
No, ¿qué echas de menos? (pausa) ¿Qué es lo que echas de menos?

FRUTA 1
(pausa) No sé.

FRUTA 2
¿No lo sabes?

FRUTA 1
Te echo de menos.

FRUTA 2
Pues pregúntatelo. (pausa) Hoy no. No hoy, si no quieres. Ni mañana, ni el otro. Ni este mes. (pausa) Pero pregúntatelo. (pausa) Algún día, pregúntatelo. (pausa) La vida tira, por las cuatro esquinas tira, la vida. ¿Lo sabes? Y tira, y tira, y tira. Y tira. La vida tira. Y yo, aquí. Aguanto el tipo, ¿no? O lo intento. Tú lo ves, desde, aunque, ¿no? Estás lejos pero lo ves. (pausa) Visto con elegancia. Lanzo voces cálidas cuando es preciso. Y aguanto el frío como una campeona. Porque aquí hace frío. Aquí hace un frío que pela. Y no es un chiste. Aquí hace un frío que pela.

FRUTA 1
Yo estoy contigo. Aunque no me mires yo estoy contigo.
FRUTA 2
Administro mi rabia.

FRUTA 1
Me siento como...

FRUTA 2
Porque yo administro mi rabia.

FRUTA 1
...como empachada. Como con un empacho. No debería haber dejado entrar las lombrices. Ahora no hay quién las saque de aquí, a las lombrices. Están como, son como, hay más de dos y más de tres. Parece que bailen.

FRUTA 2
Hay que tener rabia.

FRUTA 1
Son graciosas, las lombrices. Son simpáticas. A mí me quieren mucho.

FRUTA 2
Me cago en Dios, lo diré otra vez: Hay que tener rabia.

FRUTA 1
Pero son pesadas. No paran de moverse. Las lombrices estas son unas brasas del copón, ¿vale? Joder.

FRUTA 1
Es sano...

FRUTA 2
Les das la mano y te cogen el brazo, ¿sabes?

FRUTA 2
...escuchar a la rabia, y sacarla afuera.

FRUTA 1
Pero yo no puedo sacarlas fuera ya, a las lombrices estas de los cojones, están comiéndose toda mi pulpa, ¿a quién coño le gusta que le coman la pulpa? (media pausa) ¿Cuanto tiempo llevas ahí? Yo te lo voy a decir, cuanto tiempo llevas ahí. Demasiado. ¿Y ahora como hostias saco yo a las lombrices estas de la puta madre que las parió?

FRUTA 2
Todo irá bien.

FRUTA 1
¿Y yo cuando bajo?

FRUTA 2
Todo a su tiempo.

FRUTA 1
¿Pero cuanto tiempo llevas esperando?

FRUTA 2
Tengo frío.

FRUTA 1
(pausa larga) Vendrán.

FRUTA 2
(pausa) Sí que vendrán.

FRUTA 1
(pausa) Claro que vendrán.

FRUTA 2
Nunca todo fue tan claro.

FRUTA 1
Vendrán.

FRUTA 2
Nunca todo fue tan fácil, ¿verdad?

FRUTA 1
Claro que vendrán.

FRUTA 2
Nunca todo fue tan putrefactamente verdad.

FRUTA 1
Eres un ángel.

FRUTA 2
Nunca todo fue tan prometedor, preciosa.

FRUTA 1
(con una media sonrisa) Una Ángela.

FRUTA 2
Y debo decirte una cosa.

FRUTA 1
Dime, Ángela.

FRUTA 2
Es un momento importante. Fundacional.

FRUTA 1
¿Cómo?

FRUTA 2
Fundacional.

FRUTA 1
(burlona) ¿Fundacional?

FRUTA 2
De verdad, esto es importante, de verdad.

FRUTA 1
¿Fundabadadabacional?

FRUTA 2
Suavidad en el gesto, la arcilla está fresca. (pausa) Aún.

FRUTA 1
Oye.

FRUTA 2
¿Me has entendido?

FRUTA 1
(pausa) Escucha.

FRUTA 2
Suavidad. El tallo está a esto. (pausa) A esto.

FRUTA 1
¿Y si decido, y si al final yo no quiero bajar? Ay, joder con las lombrices. ¿Y si al final no quiero bajar? Mira cuanto tiempo llevas ahí, y no te han venido a buscar. ¿Para qué quiero yo eso? Y, cuando te vengan a buscar, si es que vienen, vaya, si es que, a ver, cuando te vengan a buscar, ¿qué? ¿Entonces qué? ¿Habrá merecido la pena? Me gusta estar aquí, hay sombra, el viento me balancea, es divertido, no me aburro, eso te lo aseguro. Ay, joder. Oye, escucha, no todas bajan, ¿no? (pausa larga) No todas bajan. Mira.

FRUTA 2
¿Dónde?

FRUTA 1
Mira. Ahí. Ahí vienen.

FRUTA 2
Sí.

FRUTA 1
¿Los ves? (Pausa) Ahí vienen.

FRUTA 2
¿Me echas de menos? (pausa) Dímelo.

FRUTA 1
(pausa larga) Ahí vienen.

Lorca Representando.



"Tengo que decir que este concepto del arte por el arte es una cosa que sería cruel si no fuera, afortunadamente, cursi.

Ningún hombre verdadero cree ya en esta zarandaja del arte puro, arte por el arte mismo.

En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para buscar las azucenas.

Particularmente, yo tengo una ansia verdadera por comunicarme con los demás. Por eso llamé a las puertas del teatro y al teatro consagro toda mi sensibilidad."


F.G. Lorca, en una entrevista de junio de 1936. Sacado del libro de Ian Gibson.

Dream Team



Esta temporada, unos cuantos artistazos y el que esto suscribre vamos a ponernos manos a la obra con un proyecto teatral del que vamos a aprender mogollón.

En breve, más información. ¡Qué ganicas que tengo!

Pongo este video porque no he encontrado un video decente para esta canción. Esta es la verdadera pista.

¿Anochece o amanece?



PILOTO
¿Cuantas?

CO-PILOTO
Muchas.

PILOTO
No sé.

CO-PILOTO
Yo sí sé.

PILOTO
No me suena.

CO-PILOTO
A mi sí.

PILOTO
Todas se parecen.

CO-PILOTO
Frena.

PILOTO
Pronto.

CO-PILOTO
¿Cuando?

PILOTO
Allí.

CO-PILOTO
Ahora.

PILOTO
Allí.

CO-PILOTO
Está anocheciendo.

PILOTO
Está amaneciendo.

CO-PILOTO
Está anocheciendo.

PILOTO
Anochecía cuando arrancamos, ahora está amaneciendo. (pausa) Y en todo caso, anochece cada noche.

CO-PILOTO
Ya hemos pasado por aquí.

PILOTO
No sé yo.

CO-PILOTO
Muchas veces.

PILOTO
¿Cuantas?

CO-PILOTO
Y amanece cada día.

PILOTO
¿Y?

CO-PILOTO
Frena.

PILOTO
Luego.

CO-PILOTO
¿Cuando?

PILOTO
Según tú, está amaneciendo.

CO-PILOTO
¿Cuanto hace que no dormimos?

PILOTO
Poco.

CO-PILOTO
¿Cuando vamos a dormir?

PILOTO
Pronto.

CO-PILOTO
Allí.

PILOTO
Todas son iguales.

CO-PILOTO
Las mismas pitas.

PILOTO
Por eso te confundes.

CO-PILOTO
Las mismas, exactas, pitas.

PILOTO
No sé yo.

CO-PILOTO
Frena.

PILOTO
Pronto.

CO-PILOTO
¿Cuando?

PILOTO
(pausa) Esta vez sí.

CO-PILOTO
¿Esta vez sí?

PILOTO
Lo veo.

CO-PILOTO
¿Lo ves?

PILOTO
Esta vez llegamos.

CO-PILOTO
¿Esta vez llegamos?

PILOTO
Ya lo he entendido.

CO-PILOTO
¿Ya lo has entendido?

PILOTO
Muy pronto.

CO-PILOTO
¿Muy pronto?

PILOTO
Allí.

CO-PILOTO
¿Anochece o amanece? (pausa) ¿Anochece o amanece? (pausa) ¿Anochece o amanece? (pausa) ¿Anochece o amanece? (pausa) ¿Anochece o amanece? (pausa) ¿Anochece o amanece?

PILOTO
(pausa) Amanece.

CO-PILOTO
¿Amanece?

PILOTO
Sí.

CO-PILOTO
¿Amanece?

PILOTO
Amanece.

CO-PILOTO
(pausa) Amanece. (pausa) Frena de una puta vez, ¿no me escuchas?, si me das una bolsa de plástico me la voy a atar alrededor de la cabeza y me voy a apretar bien fuerte hasta que la tenga bien morada y bien seca y se me agriete y se me caiga y así no tenga que soportarte más, madre mía del amor hermoso, Dios bendito, porque al menos muerta no te voy a tener que soportar, que yo me axfisio y no llegamos a ninguna parte y no quieres frenar y yo no sé cuanto tiempo llevamos así y si no me tiro encima tuyo y te quito el volante de las manos es porque, vale, sí, me está dando un ataque, estoy histérica, pero no voy a arriesgar mi puta vida porque al volante haya un enajenado mental, la hostia puta, un Klaus Kinski pajillero de picha corta eyaculador precoz e impotente, porque yo al menos, te estoy hablando, ya podrías quitar los ojos de la carretera un momento y mirarme, para la mierda que te sirve mirar a la carretera, por favor, porque yo, te digo, joder, me cago en la leche que mamaste, yo le tengo un mínimo aprecio a mi vida, al menos yo le doy un valor a esto que me está sucediendo y no voy como un zombie del puto punto a) al puto punto b) una y otra vez ad eternum malgastando mi puta pobre existencia mareándome encerrada en este coche que apesta a vómito seco y me está destrozando las lumbares y los isquiones y las cervicales y el pensamiento y el alma y el coño que ya no sé ni qué coño es el coño y me sumerjo en esta mierda de angustia que me está carcomiendo poco a poco como si fuera el cadáver de un perro apestado al que se lo está comiendo una piara de ratas parapléjicas de dientes afilados y uñas negras que se me están clavando en todos los pliegues y en los orificios y estoy desangrándome y me escuece y aún así estoy aquí aguantándome sin desfallecer no sé porqué jodido milagro o porqué jodido castigo divino de los dioses del Olimpo pero dudo mucho que aguante ni un segundo más sin que el cerebro se me gire del revés definitivamente y ya no haya vuelta atrás a lo que algún día fue mi vida antes de que metieras esa llave oxidada en el starter pero al menos yo trago y trago y sigo aquí y aguanto el tipo no sé si porque es que soy fuerte o masoquista o en el fondo espero el momento apropiado para vengarme y devolvértela cuando menos te lo esperes y hacerte pagar con creces por este dolor interminable que me estás inflingiendo. (pausa) Gallina sin cabeza. (pausa) Mierda. Mierda. Mierda. (pausa muy larga) Vamos a ver. Sí, te cuesta, te cuesta, pero tampoco has tenido mucho tiempo para aprender, has postergado por miedo y has postergado por ignorancia. No es que no te hayan enseñado, es que encima te han enseñado mal. Pero no te rindes, luchas, eso lo sé ver. Te pierdes, de acuerdo, pero tu hambre es imbatible. Es verdad que ese hambre te juega malas pasadas, porque te ciegas y no ves tres en un burro, de tan espeso que es ese deseo que te inunda. Pero no te preocupes, ¿eh?, yo también estoy aprendiendo y me has enseñado mucho, joder, he aprendido mucho de la carretera aquí sentada a tu lado. Y lo que me has enseñado ahora lo puedo poner en práctica, ¿sí? Ahora me toca a mi. Ahora cojo yo el volante. Confía en mí. Puedo hacerlo. Pero debes hacerme caso. Prometo escucharte, prometo no castigarte, prometo no castigarte injustamente en todo caso, pero cojo yo ahora yo cojo yo ahora yo cojo el volante. Necesitas cierta educación. Yo me encargaré. No seas impaciente. Déjame que te mime. Por favor. Vamos a llegar lejos. Porque vamos a encontrar desvíos que no nos podemos ni imaginar. Confía en mí. Me haces reír de vez en cuando y lloras si lo necesitas, ¿sí? Pero frena. Estarás en buenas manos. Soy yo quién te va a cuidar. No esperes otra cosa. No me traiciones. Confía en mí. El premio será para los dos. Los premios. Habrán muchos premios, ya verás. Muchos premios para ti y para mi. Vas a gozar, de verdad, como no has gozado nunca, pero debes frenar y soltar el volante definitivamente y dejarme conducir, ¿me estás oyendo? Puedes poner música. Puedes dormir. Puedes poner esa puta cinta de Camela si quieres. Puedes hablar y puedes mirar el mapa. Aquí estoy. Te escucharé. Y te meteré mano si hace falta. Puedo conducir y meterte mano a la vez, ya lo sabes. Si no me estreso, si mantengo la calma, puedo hacerlo. Confía en mí. No estarás solo. Estamos juntos. Que nada te haga creer lo contrario: No estarás solo. Estás conmigo. Nos queremos, con todo. Confía en mí. Yo confío en ti. Nadie va a cuidarte como yo. Frena. (pausa) Te voy a hacer muy feliz. (pausa larga) Bien. (pausa) Eso es.


Huele a talco



REY
Te lo dije, ¿verdad?

REINA
Sí.

REY
¿Y?

REINA
Pues sí. (pausa) Me lo dijiste, y sí. (pausa) Y sí.

REY
Sí.

REINA
Sí.


REY
(pausa) Sí.

REINA
Sí.

REY
Hace una buena noche.

REINA
De verano.

REY
(pausa) Me encanta respirar.

REINA
(pausa) ¿Puedo abrirlo? (pausa) ¿No? (pausa) ¿No puedo?

REY
Puedes hacer lo que quieras.

REINA
¿Sí?

REY
Pero preferiría que no.

REINA
(pausa) Por favor.

REY
No me tienes que pedir nada.

REINA
Quiero abrirlo.

REY
Preferiría que no.

REINA
Ábrelo tú.

REY
Yo no quiero abrirlo.

REINA
Yo sí.

REY
Ábrelo si quieres. (pausa) Pero preferiría que no.

REINA
(pausa) Se me duermen los brazos.

REY
Ponlo sobre tus piernas.

REINA
Me he cansado de tenerlo sobre mis piernas. Me saldrán marcas en las rodillas. (pausa) He abierto otros.

REY
Sí.

REINA
¿Y este?

REY
Este preferiría que no.

REINA
Pero quiero saber qué hay dentro.

REY
(pausa) ¿Sí?

REINA
Sí.

REY
¿Por qué? (pausa) Te lo dije, ¿verdad? (pausa) Y aquí estamos, ¿verdad? (pausa) Preferiría que no.

REINA
¿Qué hay dentro?

REY
¿Te lo dije?

REINA
Me lo dijiste.

REY
¿Y?

REINA
Sí.

REY
Sí.

REINA
Sí.

REY
Sí, has abierto otros. Pero no eran este. Este es este. Y nunca lo has abierto. Y así ha ido bien, ¿verdad? (pausa) ¿Verdad?

REINA
Creo que sí.

REY
¿Crees?

REINA
Creo.

REY
¿Sí? (pausa) Pues eso es suficiente.

REINA
Quiero saber que hay dentro.

REY
(pausa) Ya no hace tanto calor.

REINA
Por favor. (pausa) Por favor.

REY
¿Quieres saber qué hay dentro? (pausa) ¿De verdad? (pausa) ¿De verdad necesitas saber qué hay dentro? (pausa) ¿No te basta con olerlo? ¿Con moverlo un poco para ver como suena? ¿Necesitas abrirlo de verdad?

REINA
(pausa) Huele a talco.

REY
Huele a talco. (pausa) ¿No estimula eso tu imaginación?

REINA
¿Y mis rodillas? ¿No te importan mis rodillas? ¿O que se me duerman los brazos?

REY
(pausa) ¿Quieres que te lo aguante un rato?

REINA
(pausa larga) No. (pausa) Es mío.

REY
(pausa) Es tuyo.

REINA
Puedo hacer lo que quiera.

REY
Sí.

REINA
Sí.

REY
Sí.

REINA
Sí. (pausa) Puedo abrirlo si quiero.

REY
Estamos aquí, ¿verdad? Te lo dije, ¿verdad? Y estamos aquí.

REINA
¿Nadie lo ha abierto? (pausa) No me mientas. (pausa) ¿Nadie antes lo ha abierto? (pausa) ¿Nadie antes lo ha abierto?

REY
Estamos aquí. ¿No oyes los grillos?

REINA
Puedo abrirlo si quiero.

REY
Puedes hacer lo que quieras.

REINA
Puedo.

REY
Puedes.

REINA
Puedo.

REY
(pausa) Puedes.

REINA
(pausa larga) Hace una buena noche.

REY
De verano.

REINA
Puedo.

REY
Puedes. (pausa) ¿Quieres que te lo aguante yo?

REINA
Es mío. (pausa) Me encanta respirar.

I have no legs.



MENDIGO
(cantando) I have no legs, I have no legs. I have no legs, I have no legs.

PILOTO VIEJO 1
Ya está otra vez.

PILOTO VIEJO 2
Como un niño pequeño.

PILOTO VIEJO 1
(imitando un niño) “Mama, mama, me he hecho daño en la rodilla.”

PILOTO VIEJO 2
Dios, qué agotador.

PILOTO VIEJO 1
(sigue con su imitación) “Mama, mama, ¿no lo ves? ¿No ves que me he hecho daño?”

PILOTO VIEJO 2
Es axfisiante.

PILOTO VIEJO 1
No le soporto.

PILOTO VIEJO 2
Cada día, cada puto día.

MENDIGO
(cantando) I have no legs, I have no legs. I have no legs, I have no legs.

PILOTO VIEJO 1
La casa de mi abuela era minúscula.

PILOTO VIEJO 2
Pero mira dónde has llegado.

PILOTO VIEJO 1
Muy pequeña. Una caja de cerillas. Y allí vivía ella con sus cinco hijos. Y luego los nietos. Techos bajos, muchas paredes y nidos de palomas al lado de las ventanas haciendo “gulugulugulugulu” de la mañana a la noche.

PILOTO VIEJO 2
Pero mira dónde has llegado.

PILOTO VIEJO 1
Eso es verdad.

PILOTO VIEJO 2
Nadie iba a imaginar que llegaras a ser piloto de avión.

PILOTO VIEJO 1
Para lo que me sirve.

PILOTO VIEJO 2
Eso es lo de menos, pero eres piloto.

PILOTO VIEJO 1
Soy piloto.

PILOTO VIEJO 2
De avión.

PILOTO VIEJO 1
Piloto de avión.

PILOTO VIEJO 2
No todo el mundo puede decir eso.

PILOTO VIEJO 1
Me ponía a saltar en su sofá.

PILOTO VIEJO 2
Eres piloto.

PILOTO VIEJO 1
Una vez le destrocé el sofá. Le hice un boquete con la espada de un muñeco horroroso.

PILOTO VIEJO 2
¿Horroroso?

PILOTO VIEJO 1
Era de mi abuela, pero era horroroso.

PILOTO VIEJO 2
(cantando) I have no legs, I have no legs. I have no legs, I have no legs.

PILOTO VIEJO 1
¿Quieres hacer el favor de callarte, lisiado?

PILOTO VIEJO 2
Insecto deforme.

PILOTO VIEJO 1
Escupitajo con grumos.

PILOTO VIEJO 2
Aborto demandante.

PILOTO VIEJO 1
Demonio. Fu, fu, fu.

PILOTO VIEJO 2
Fuera. No te conocemos.

PILOTO VIEJO 1
Ni nos toques.

PILOTO VIEJO 1
Apestas.

PILOTO VIEJO 2
Arrástrate hacia otra esquina.

PILOTO VIEJO 1
Cada puto día igual.

PILOTO VIEJO 2
Nadie te va a dar limosna ya.

PILOTO VIEJO 1
Al menos por aquí.

PILOTO VIEJO 2
Eso.

PILOTO VIEJO 1
Se te acabó el cuento, hez parlante.

PILOTO VIEJO 2
Cantante.

PILOTO VIEJO 1
Se te acabó el cuento, hez cantante.

PILOTO VIEJO 2
Mejor.

PILOTO VIEJO 1
Mi abuela era una mujer maravillosa, con unos senos preciosos.

PILOTO VIEJO 2
Sí, señor.

PILOTO VIEJO 1
Unos senos que le colgaban como zapatos de payaso.

PILOTO VIEJO 2
Así eran los pechos de antes.

PILOTO VIEJO 1
Unos buenos pechos, sí.

PILOTO VIEJO 2
No están hechos para los gustos de ahora.

PILOTO VIEJO 1
Todo cambia.

PILOTO VIEJO 2
Nada permanece, amigo.

PILOTO VIEJO 1
¿Me lo dices o me lo cuentas?

PILOTO VIEJO 2
Pero tu abuela debía tener unos buenos pechos.

PILOTO VIEJO 1
Sí.

PILOTO VIEJO 2
¿Verdad?

PILOTO VIEJO 1
Sí, señor. Sí sí sí. Unos buenos pechos.

PILOTO VIEJO 2
¿Sí?

PILOTO VIEJO 1
(pausa) Sí. (pausa) Unos pechos acogedores. (pausa) Mi abuela se enfadó mucho. (pausa) Me dijo: “No va a quererte nadie”. (pausa) Por lo del boquete. (pausa) Era una buena mujer, que en paz descanse. (pausa) “No va a quererte nadie”, me dijo.

PILOTO VIEJO 2
Pero eres piloto.

PILOTO VIEJO 1
Me dijo “No va a quererte nadie”.

PILOTO VIEJO 2
Sí, te escucho.

PILOTO VIEJO 1
Y su vecina, que era como una madre para ella, y que era una mujer de una presencia casi mítica, una mujer con una luz especial, el pelo blanco y fuerte, y una mirada, una mirada humilde y penetrante, llena de conciencia y de vida, de pura vida irreductible, severa pero extremadamente generosa, me miró, al ver el boquete que había hecho en el sofá, me miró después de que mi abuela dijera aquello de “No te va a querer nadie”, me miró con una decepción tan grande. Me miró, me clavó una mirada, me miró. Y aún recuerdo esa mirada. Y cada vez que la recuerdo, la mirada, siento que comprendo algo más esa decepción. (pausa) Siento que me mira así aún. (pausa) Si miro a esa esquina fijamente unos minutos estoy seguro de que la terminaré descubriendo otra vez, allí a lo lejos, escondida tras la ventana, mirándome con la misma decepción. (pausa) Hice un boquete muy grande.

PILOTO VIEJO 2
(pausa) Eres un gran piloto. (pausa) De los mejores. (pausa) Eres un referente para los muchachillos que entran en la academia, tienen fotos tuyas en las aulas, hablan de tus hazañas como si fueran gestas homéricas. Es la pura verdad. Y las mujeres te miran cuando se cruzan contigo. A tu edad aún te miran las mujeres, tu problema es que no te das cuenta, y es un pecado no darse cuenta, pero a tu edad aún te miran las mujeres.

MENDIGO
(cantando) I have no legs, I have no legs.

PILOTO VIEJO 2
Oye, piernas largas, ven aquí, que hoy me he levantado generoso. (hace ademán de sacar su cartera) Ven, anda, corre para aquí, cucarachilla, acércate. (cuando lo tiene cerca, le pisa la cabeza tirándole al suelo) ¿Qué te hemos dicho? Desgraciado, te estoy hablando, ¿qué te hemos dicho?

PILOTO VIEJO 1
Quiste de grasa, respóndele.

PILOTO VIEJO 2
Sí, respóndeme. ¿Qué te hemos dicho?

MENDIGO
Que – me – vaya.

PILOTO VIEJO 1
Mira, orejas tiene el tarado.

PILOTO VIEJO 2
Ya lo veo, qué descubrimiento, me has sorprendido, cloaca apestosa. ¿Qué te hemos dicho entonces?

MENDIGO
Que – me – vaya.

PILOTO VIEJO 2
¿Que te vayas a donde?

MENDIGO
Que – me – vaya – a – otra – esquina.

PILOTO VIEJO 2
Eso es.

PILOTO VIEJO 1
Exactamente.

PILOTO VIEJO 2
Que te vayas a otra esquina con tu jodienda interminable.

PILOTO VIEJO 1
(imitando a un niño que llora) “Soy un inválido, ese es el secreto de mi éxito, ¿no lo entienden?, ser un inválido”.

PILOTO VIEJO 2
Que te vayas de una vez, ¿estamos?

PILOTO VIEJO 1
(sigue con su imitación) “Soy un discapacitado, la sociedad debe aceptarme, la sociedad es mala porque no acepta a los discapacitados, la sociedad me tiene que aceptar, la sociedad debe aceptarnos a los discapacitados.”

PILOTO VIEJO 2
No vuelvas más. Ya te conocemos. Ya sabemos lo que quieres. Ya sabes que no te lo vamos a dar. No tiene sentido. Vete a otro lugar. Tal vez en otra esquina tengas éxito. Tal vez en otra esquina tu estrategia comercial funcione. Aquí, y lo sabes muy bien, aquí se te han agotado los cartuchos, no hay más pólvora para ti, ¿lo entiendes eso? ¿Lo entiendes? Míralo así, ¿de acuerdo? Plantéatelo así: Esto es el Fort Knox, ¿estamos? Nosotros somos el séptimo de caballería. Tenemos armas para parar un tren, para ganar la tercera guerra mundial, somos militares de élite, preparados científicamente para destrozar cualquier enemigo sin tener ni una mísera baja. Ni una pequeña, imperceptible, anecdótica baja. Sin ni siquiera despeinarnos ni rompernos la uña del dedo meñique. Y tú eres un indio bastardo solo y subnormal. Y apenas llevas un petardo mojado que te compraste el año pasado en Chinatown. Plantéatelo así. ¿Por qué no desistes de una puta vez y te marchas a otra puta esquina, me cago en el puto día en que naciste?

MENDIGO
Ahora – me – voy.

PILOTO VIEJO 2
¿Sí?

PILOTO VIEJO 1
Le has convencido.

PILOTO VIEJO 2
¿De verdad?

PILOTO VIEJO 1
Te lo ha dicho.

PILOTO VIEJO 2
¿Te vas a ir?

MENDIGO
Ahora – me – voy.

PILOTO VIEJO 2
¿Vas a cumplir tu palabra?

PILOTO VIEJO 1
Lo has conseguido.

PILOTO VIEJO 2
¿Vas a desaparecer de nuestra vida por siempre?

PILOTO VIEJO 1
Has sido muy convincente.

PILOTO VIEJO 2
¿Vas a desaparecer de nuestra vida por fin?

PILOTO VIEJO 1
Te ha dicho que se va a ir.

PILOTO VIEJO 2
¿Sí? ¿Va a acontecer ese milagro?

PILOTO VIEJO 1
Esas han sido sus palabras.

PILOTO VIEJO 2
¿Me lo puedes repetir? ¿Puedes regalarme los oídos, por lo que más quieras?

MENDIGO
Ahora – me – voy.

PILOTO VIEJO 2
(deja de aplastarle la cabeza contra el suelo) Te lo agradecemos.

PILOTO VIEJO 1
De todo corazón.

PILOTO VIEJO 2
En el fondo eres un buen tipo.

PILOTO VIEJO 1
Al menos sabe escuchar.

PILOTO VIEJO 2
Yo pensaba que no sabía.

PILOTO VIEJO 1
Pero te ha demostrado que sí: Sabe escuchar.

PILOTO VIEJO 2
Lo cuál es una buena lección.

PILOTO VIEJO 1
Exactamente.

PILOTO VIEJO 2
La gente siempre puede sorprenderte.

PILOTO VIEJO 1
La gente puede cambiar.

PILOTO VIEJO 2
Es esperanzador comprobarlo.

PILOTO VIEJO 1
Sólo hay que darles los estímulos correctos.

PILOTO VIEJO 2
Y ser paciente.

PILOTO VIEJO 1
Sí, señor. (pausa) Tú también eres un buen piloto.

PILOTO VIEJO 2
Muchas gracias.

PILOTO VIEJO 1
Al menos yo lo creo.

PILOTO VIEJO 2
Estaba esperando que lo dijeras.

PILOTO VIEJO 1
Lo sé.

PILOTO VIEJO 2
Finalmente has sido humilde y lo has dicho.

PILOTO VIEJO 1
Me siento generoso.

PILOTO VIEJO 2
Estás más guapo así.

PILOTO VIEJO 1
Hago lo que puedo.

PILOTO VIEJO 2
No nos sirve de mucho en estos momentos, tienes razón, pero yo lo sé. Yo lo sé y tú lo sabes.

PILOTO VIEJO 1
Sí, señor.

PILOTO VIEJO 2
Yo soy un buen piloto y tú eres un buen piloto.

MENDIGO
(cantando en el mismo lugar de siempre) I have no legs, I have no legs. I have no legs, I have no legs.

PILOTO VIEJO 2
(pausa larga) Tu abuela debía de tener unos pechos preciosos.

PILOTO VIEJO 1
¿Mi abuela? (pausa) No lo sabes tú bien.

PILOTO VIEJO 2
A veces aún recuerdo como eran antes los pechos de las mujeres. (pausa) A veces aún puedo recordarlos.

PILOTO VIEJO 1
Acogedores. Eran acogedores.

PILOTO VIEJO 2
(pausa) Exactamente.