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Inevitable.


Era inevitable volver a esto del blog.

Si alguien se pregunta qué me ha apartado de actualizar este espacio de onanismo compartido desde julio le ofrezco el siguiente video como respuesta.



El caso es que ya estoy aquí de nuevo. Ya he vuelto.

En los próximos días esperen actualizaciones, textos inéditos y bifurcaciones varias.

Y, por supuesto, se admiten sugerencias. ¿Desean los señores algo en especial?

Orfebres

Uno de los mayores placeres de dirigir, si no el más grande, es tener la oportunidad de juntar talentazos que no han colaborado nunca juntos, hacerles multiplicarse entre ellos y gozar con el resultado.

Cuando hicimos "Dibujo de David" me pegué el gustazo de ver el resultado de la ecuación entre uno de mis ilustradores favoritos, Juan Berrio, y un joven animador obsesivo y delicado como es Raúl Echegaray. El resultado fue este segmento del corto(sumado a la música de Max Wright y las voces de Marc Martínez, Vicenta Ndongo y Marcel Borrás, of course).

El gustazo se multiplica a su vez cuando, un tiempo después, ese tándem sigue uniéndose, esta vez sin necesitar tu celestinaje, y crea piezas como esta joya de orfebrería que podéis ver pinchando aquí.


Trasplante de raíces

El otro día, viajando en autocar, el Pequeño Gran Cacamosca, que ahora ya tiene siete años, me cogió el IPod y los auriculares y se puso a escuchar música en modo aleatorio a su pedo.

Sentado a su lado, me fijaba en qué canciones le gustaban lo suficiente como para no pasar a la siguiente. Era como un test de mercado con el más desprejuiciado y virgen de los públicos.

Algunas de sus favoritas fueron esta, esta, esta(imagino que las palabrotas ayudaban...), o incluso, sorprendentemente, esta otra.

Claro, el pobre debía buscar música infantil y se encontraba con mi esquizofrénica selección musical.

Y, de golpe, se encontró con este tema:



Esta canción, como charnego hijo del 79 que soy, yo la asocio a mi familia andaluza, a los yonkis que me han rodeado toda la vida, al calorrismo, a la peli de Saura of course, al amor de barriada y a los viajes en coche que hacía con mi madre de pequeño, donde sonaba Manzanita y Serrat.

Pero el Pequeño Gran Cacamosca ponía sonrisa de Matutano mientras la escuchaba y decía sin parar: "¡Toy Story! ¡Toy Story!"

Porque para él esa canción le recordaba a esta otra:



Esto es lo que se llama un trasplante de raíces culturales. A saco.

Lisergia innata.




Desde el laboratorio Prisa Mata estamos investigando en la nunca suficientemente atendida sicodelia infantil.

Asómense por aquí en breve y podrán gozar de los resultados. It's far out, dude!

El decalogo de esta primavera

"Nunca estuve en Italia. Así que tuve que dedicarle una canción para poder conocerla."

Boris Vian.



I

La culpa es un sapo vanidoso.


II

Cada instante brota un giro hecho expresamente para cambiar irremediablemente el instante anterior.



III

Gracias a las mentiras, he dejado de comprenderlo todo.



IV

De vez en cuando hago inventario de las puertas que he abierto durante el dia y de cuantas siguen abiertas.

Lo importante es que haya corriente. Lo importante es que no se aposenten los humores de los restos de la fruta del licuado de ayer.


V

¿Como le explicas el significado del "cero" a tu hijo?



VI

Todo el mundo pide que jueguen al poker con sus cartas.

Es tan bueno saber decir "juego" como "no juego".



VII

¿Quién es más egoista?

¿Quien da mucho y pide mucho?

¿O quien no da mucho y no pide mucho?



VIII

Los vecinos de arriba van por un lado.

Los vecinos de abajo van por otro.

Oye, mientras todos paguen los recibos de la comunidad yo no me meto.



IX

Por cierto, a veces de marcar tanto tus cartas te llegas a creer que es que salieron así de fábrica.



X

Estoy absolutamente convencido de que si gozas de la paciencia suficiente, puedes ver salir por voluntad propia al tapón de corcho de una botella de champán.

La cuestión es que él se aburra antes que tú.







Ilustraciones de Dan McCarthy.

Permitidme tutearos, imbeciles



"Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas, analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado."

Arturo Pérerz-Reverte, El Semanal 23 de diciembre de 2007

El descubrimiento del humor



"¡El yeto, allá, allí! ¡El yeya, allá, etí... ¡El teti, eyá! ¡Eso, el tipo ese! ¡El yeti, eso es! ¡Allá!"

Haddock, Tintín en el Tibet.

Decoracion 2

Por aclamación popular, estos son los dibujos que he hecho para las paredes del recién terminado cuarto privado del Pequeño Gran Cacamosca, mientras escuchaba un muy recomendable programa de radio nocturno.













Por cierto, si alguien quiere darme su opinión en temas de interiorismo y decoración, pulsa AQUÍ.

Gracias por adelantado.

Asi no.



Estaba leyendo un precioso tebeo de piratas al Pequeño Gran Cacamosca antes de dormir, hasta que apareció un episodio en la historia que hizo florecer al fascista censor que hay en mi, y me vi obligado a "suavizar".

Resulta que Isaac, el protagonista, argumenta que un pirata legendario al cual se le recuerda como "el valor y la crueldad hecha hombre" no era tan mujeriego como parece. Más que nada porque era impotente. A este "héroe" solo se le vio una vez en compañía femenina. Era una mujer bella, casi adolescente, de la cual estaba profundamente enamorado. La llevó al barco y llamo a varios de sus más sanguinarios subordinados. Les pidio que tomaran a su mujer, ya que él no podía hacerlo. Ella parecía no oponer resistencia. "Esa noche se cometieron las mil y una aberraciones en ese camarote." Al dia siguiente abandonaron a la mujer en una isla.

Como comprenderás, le expliqué otra cosa totalmente diferente a mi hijo.

Eso me hizo recordar una de las escenas más poderosas de una de mis pelis de gangsters favoritas:



Resulta que Robert de Niro está enamorado desde pequeño de la niña que baila "Amapola". Si has visto la peli, ya estás escuchando la música en tu cabeza. El hecho es que el pequeño De Niro acaba en el talego(sin ni siquiera haber podido consumar su amor hacia Jennifer Connelly, el pobre) y se pasa allí media vida. Cuando sale, ya convertido en un sosias de mi amigo Xavi Saez, va a buscar a la bailarina, que ya ha crecido.

"Yo no me llamo Javier"

Los dos tienen un encuentro romántico con música de Ennio Morricone de fondo. Él la lleva a cenar a un lugar de lujo y terminan bailando champán sobre el cesped. Allí él le cuenta como ha podido soportar cada dia que ha pasado en la cárcel gracias al recuerdo de ella, gracias a saber que ella existe.

Ella le responde que sí, que le ama, pero que se va a ir de gira con una compañía de danza. No puede entregarse a él. Sus caminos se separarán.

Entran en la limusina y, allí, él la besa. Pero no la besa con amor, la besa agresivamente. Ella se intenta zafar, pero él es cada vez más bruto, hasta que la viola mientras ella implora: "Así no. Así no."



On a lighter note, en la versión cómica de Taxi Driver, hay una escena memorable en la que Jerry Lewis, que interpreta a un famoso cómico llamado Jerry, camina por las bulliciosas calles de un Manhattan pre-Giuliani y se encuentra con una señora mayor, una fan, que está hablando por teléfono en una cabina y que le insiste a Jerry con lo gracioso que es y lo mucho que le quiere. Jerry contesta con amabilidad, pero distancia. La fan, de golpe, pasa de glosarle sus maravillas a gritarle: "¡Ojalá te mueras de cancer!"

Sí, de la admiración profunda y el amor platónico a la vejación más cruel solo hay un paso.

Besos.