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La fiesta no es para feos



Estoy en la plaza del Gótico donde venía de adolescente, venía con David antes de que le metieran en el reformatorio. Se lo cuento a la italiana. Le digo que venía con mis amigos, nos poníamos allí, ¿lo ves?, ¿ves esos agujeros? Son agujeros de metralla. Durante la guerra civil toda esta ciudad fue atacada por los fascistas, por los italianos, por los tuyos, le digo a la italiana, porque Musolinni estaba aliado con Franco y fueron los aviones italianos y los soldados italianos los que bombardearon mi ciudad, mi casa, ya lo sabes, fueron los tuyos, ¿no?



Pues nos poníamos allí mis amigos y yo y nos fumábamos el último cigarro antes del fusilamiento. Y cuando nos lo fumábamos y nos lo acabábamos, nos moríamos, nos dejábamos matar. Como buenos soldados. La invito a jugar conmigo a esto. Nos encendemos dos de sus cigarros, le damos un trago a su vino y así pasamos los últimos cinco minutos de nuestras vidas. Yo soy un campesino al que han detenido los nacionales porque mi hijo está en las milicias. ¿Y ella? La miro. Es bastante fea de cara, y además es la típica a la que se le deforma el rostro cuando bebe. Cara cangrejo, cara cangrejo, la fiesta no es para feos, compai. Y tiene un tatuaje con el anagrama del cuervo, de la peli El Cuervo, esa en la que murió el hijo de Bruce Lee, que lo mataron en pleno rodaje, como a su padre. Lo tiene en el cuello, el tatuaje, en la parte de atrás, y dentro del cuervo hay un ojo, y parece que te esté mirando cuando te da la espalda. Y eso da algo de malrollismo, para ser sinceros, más malrollismo que morbo, qué quieres que te diga. Pero tiene buenas piernas. Tiene unas muy buenas piernas. Tendrías que verlas y entonces lo entenderías todo. Dice ser una luchadora anarquista, del POUM. Pues vale. Además de las buenas piernas, lleva una falda sexy. Osea, una de esas que se mueven con el viento y te tienen pendiente de lo que enseñan y dejan de enseñar. También es de las que cuando beben parece que se enfaden cada cinco minutos, y luego se calma y te mira poniendose seductora, y cuando se pone seductora es cuando el rostro se le deforma aún más, los ojos se le cambian de sitio y se le salen de las órbitas, y la boca se tuerce y se expande como la de un pez. Se pone a llorar, bueno, a hacer que llora, porque tiene miedo a la muerte, y no quiere que se acabe el cigarro y con él su vida. Y yo aprovecho la situación y la abrazo, y noto que, al juntar mi cuerpo con el suyo puedo descubrir que tiene unos pechos más grandes de lo que parecía a primera vista.



Me acerco a su cara y la intento besar. Y ella aparta su cara de la mía, bañándome en su aliento a nicotina y vino barato, y me avisa de que los cigarros han acabado y que debemos aceptar nuestro destino. Cerramos los ojos y nos quedamos en silencio. Dejamos que venga la muerte. El juego ha terminado. No queda mucho más que decir ni que hacer. Pero la italiana me recuerda que le he prometido el oro y el moro, que esta noche tenía que ser divertida y que tengo la ciudad en la palma de mi mano. Sí. Es verdad. Está bien. Claro que sí, claro que sí.

Ven conmigo, Fiore, ven conmigo, que hemos vuelto a nacer y esto hay que celebrarlo.







Cuadros de Vassilis Economidis.

Round -3

Es luna llena. Y es enorme. Es grandiosa. Es preciosa. Ya voy borracha. Me había acostumbrado a las Coronitas. Las Coronitas me gustan bastante. Pero luego descubrí la Desperado. La Desperado es prácticamente igual, ¿no? Es cerveza de esa clara, no sé exactamente como se llama, cerveza blanca, o suave, no sé, vaya… Pero la Desperado además tiene un algo de tequila. Eso es un triunfazo. A mí me gustaba antes tomar Coronita y luego Tequila, pasar de una a otra. Ahora con la Desperado mato dos pájaros de un tiro. Me gusta emborracharme así. Sola, en casa, jugando. Lo hacía cuando era una niña. Y lo sigo haciendo ahora. Me pongo a bailar y me miro al espejo y así me pueden pasar horas. No me doy cuenta del tiempo. Una chica de la compañía me comentaba que, a sus cuarenta años, eso es lo único que sigue haciendo y que no ha dejado de hacer desde que es una cria. Bailar sola y mirarse al espejo. Lo digo siempre, me llaman la atención porque siempre lo comparo todo con la danza, pero esto debo decirlo de nuevo: Bailar es la manera, es mi manera, de no crecer nunca. Guillaume no aparece desde ayer por la noche. Me fui a cenar con la gente de la compañía y cuando volví a casa, super pronto, él ya no estaba. Antes eso me molestaba, cuando se iba sin avisar y no volvía en dias, hasta que se le iba la pájara. Me ponía de los nervios, me sentía sola y vacía. Ahora, quiero decir hoy, no es que me dé igual. Es que se lo agradezco. Hoy me lo he pasado muy bien, y no he visto a nadie. Me he hecho la comida. Un poco de seitán estofado y una crema de calabacín. El secreto es el jengibre, ese es el secreto. Me he fumado un cigarro viendo una peli de asesinos y abogados en la tele, sale ese actor que sale en todas y que hacía de presidente en la de los marcianos. Le dobla el mismo que dobla al poli de CSI… Bueno, luego me he dormido en la primera tanda de anuncios, y cuando me he despertado me he empezado a masturbar antes de abrir los ojos. Ha sido una muy buena paja. Me doy un nueve. Y, luego, sin ducharme ni lavarme el chumino me he puesto a beber y a bailar. Y ahora, esta luna redonda como una bola de homeopatía. ¿Qué más quiero? La luna se merece otra cerveza.



Oigo abrirse la puerta y aparece Guillaume. Viene con un chaval que sonríe con incomodidad. Es lo que se llama un corte de rollo, pero no digo nada de buenas a primeras. Guillaume me lo presenta, me dice el nombre pero lo olvido justo en el momento en que me lo dice. Por la manera en como me lo presenta lo comprendo todo. Solo de ponerme en situación me da una pereza enorme. Guillaume me da a entender que yo sabía que teníamos esta cita, que lo habíamos hablado y habíamos concertado esta noche. Yo no lo recuerdo. Pero es posible que me haya olvidado. Da igual, de pronto, ahora, lo único que me apetece es meterme en la cama, esconderme bajo las sábanas y dormir.

Mientras Guillaume y el chaval de boca tensa se hacen unas rayas en la mesa del comedor yo miro por la ventana y veo como el viento mueve los árboles de enfrente, se puede escuchar a los adolescentes punkies que se encuentran y hacen sus escandalosos ritos de apareamiento, y algún desgraciado ha pintado una esvástica en la pared de la calle de enfrente. Las gaviotas vuelan bajo y gritan. Guillaume ha puesto el CD de este tipo de ocasiones, y él y el chaval de la boca tensa siguen hablando, me ofrecen una de las rayas y abro tres cervezas más, una para cada. La Desperado no es muy barata y en el fondo me jode tener que invitar a alguien que no conozco y que en el fondo no la va a apreciar como yo lo hago. Guillaume me mira con picardía y me sonríe mientras sigue hablando sin parar con el chico. Su mirada me pide mi aprobación. Le respondo, muda, que debería haberme avisado, que debería haberme pedido permiso. Me responde que si quiero, se marchan y ya está, lo dejamos aquí. Vuelvo a mirar al chaval de boca tensa y luego a Guillaume. Pego un trago. Me veo reflejada en el cristal de la ventana, me siento guapa. Está bien. Démosle una oportunidad.
Guillaume se levanta y se sienta a mi lado. Me quita la botella de cerveza y empieza a besarme. Aunque cierro los ojos, sé que el chaval de boca tensa está en el sofá de enfrente, observándonos. Guillaume me levanta la camiseta y pone su mano sobre mis pechos. Me empieza a morder el cuello, le siento más mecánico que otra cosa, está bastante puesto y no creo que… Bueno, lo que siempre le pasa cuando se ha metido más lomas de la cuenta. Baja la mano hasta mi chumino y con la otra llama al chaval de la boca tensa, que se sienta a su lado y se empiezan a besar. Recuerdo cuando al poco de conocerle, a Guillaume, digo, nos liamos con su amigo Patrice, qué bueno, Patrice, sí. Aquella vez fue la primera vez que lo hicimos con otra persona. Y, con diferencia, fue la más divertida. Fue muy potente. Estábamos en un hotel en Toulouse, habíamos ido a pasar unos días aprovechando un bolo. Nos habíamos comido un par de éxtasis entre los tres, y habíamos subido en pelotas por el hotel a la piscina que había en la terraza, en plena noche. Nos tiramos y nos pegamos un buen chapuzón. Era pleno invierno, y el agua helada nos congelaba, pero nos quedábamos en la piscina a ver quien aguantaba más. Me gustaba mirar el cuerpo de Patrice, extraño, casi infantil, pelirrojo, lleno de pecas por todos lados. Sonreía como un niño, como el niño pelirrojo de Parchís. ¿Te acuerdas de los Parchís? Mi hermana mayor tenía los discos. ¿Te acuerdas del niño pelirrojo? Era un niño guapísimo. Bueno, de la piscina nos fuimos corriendo otra vez de vuelta a la habitación, y allí nos pegamos una ducha los tres. Teniendo a los cuerpos desnudos de ambos tan cerca me puse, imagínatelo, muy cachonda, y recuerdo que miré a Guillaume como pidiendo su permiso mientras cogía la polla de Patrice y la acariciaba. Follamos los tres en la ducha. Follamos muy bien. Luego fuimos a la cama. Hubo un momento en que me aparté del juego y me senté en la repisa de la ventana, encogida por el frio, satisfecha. Contemplaba a Patrice penetrar a Guillaume. Y me gustaba. Apenas llevaba dos meses con Guillaume, no le conocía mucho, pero me fascinaba. Ya sabes como soy cuando comienzo una relación. Cagan y digo que es oro. Estaba totalmente entregada a él. Me gustaba su impetuosidad, su capacidad de sorprenderme siempre, esa sensación de estar perdido en un universo interior que nadie más conoce, esa mirada viciosa y loca que me ponía y me daba miedo a partes iguales. Me gustaba su cuerpo grande, enjuto y fuerte, ese aire que siempre le envolvía, y le envuelve aún, de nervio a punto de estallar. Me sentía protegida por él, le veía como un gigante bajo cuya sombra me podía cobijar, un techo que me iba a resguardar de cualquier peligro. No es el típico que te coge la mano para cruzar la calle como si fueras una niña, no le hace falta. ¿Sabes que a la semana de conocerle, en una fiesta, tuve que separarle porque se lió de hostias con un pobre capullo que solo me había tocado el culo? Yo alucinaba, parecía un tipo sacado de otra época. Sus historias de la guerra, su gesto como de foto antigua. Su silencio. Había un punto en el que me recordaba a las fotos antiguas que había visto de mi abuelo. Y en ese momento, viendole follar con otro hombre ante mi, después de que me hubiera corrido sintiendo los cuerpos de los dos penetrarme, después de que ellos se hubieran corrido sobre mis pechos… En ese momento, qué quieres que te diga, me dio la risa. Me puse a reir, aunque procuré que no me escucharan. Pero no me reía porque la escena me hiciera gracia, o me pareciera ridícula, vaya, que podía serlo. No. Me reía, sencillamente, porque estaba a gusto.



De golpe, dejo de abstraerme en mis pensamientos y me doy cuenta de que estoy desnuda. Que Guillaume también, y está con la cabeza entre mis piernas, comiendome el coño, con la otra mano masturba al chaval de la boca tensa, quien me está morreando con su lengua mientras me manosea los pechos. Me siento seca. Aunque parezca un chiste, me duele la cabeza y no me hace ni puta gracia. Estoy demasiado borracha. He oido este CD mil veces y esta es la canción que menos soporto, es como un taladro, es abusiva. Mi chumino no quiere molestias, se me cierran los labios con saña y se está agobiando solo de pensar que dentro de poco la cosa va a pasar a mayores. No sé si estoy tendida o sentada, pero el hecho es que quiero levantarme. No sé como incorporarme y salir de esta sin hacer una escena molesta, sin tener malos rollos, pero ¿sabes qué? A la mierda. Yo me voy. Me levanto y me enciendo un cigarro. El cigarro es la señal más gráfica. No les veo y no les quiero mirar, no quiero saber como están ni que hacen. Quiero estar sola. Les digo que me voy al lavabo. Guillaume me sigue y me insiste, me presiona de esa manera tan infantil que tiene de hacerlo que es como si se engañara a si mismo y esperara engañarte a ti también y hacerte creer que no te está presionando cuando es obvio que lo único que intenta es hacerte sentir culpable y que te sometas a él y hagas lo que se supone que él quiere que hagas. Le pido que no me toque y que me deje sola, que quiero estar sola. Me encierro en el lavabo y me pierdo entre calada y calada. Me miro en el espejo. Me veo pequeña, muy pequeña. Oigo como, afuera, Guillaume habla con el chaval de la boca tensa, no sé qué coño dicen, hacen como si nada hubiera pasado, ponen tonos de voz conciliadores. Guillaume, sus pies, acompañan al otro y le llevan a la puerta. Se despiden. Un silencio. De golpe, Guillaume da un par de patadas a la puerta. Me grita, me dice que ya me vale, que habíamos quedado en que esta noche íbamos a jugar, y que le he hecho quedar en ridículo. Oigo como sus pasos vuelven a la cocina. Yo me acabo el cigarro. Me levanto y voy a la bañera, abro el paso del agua. Solo me va a cambiar el humor esta noche una buena bañera. Y que me dejen en paz. De nuevo, Guillaume vuelve a la puerta. Ahora la golpea con más rabia. Me grita que le abra, que dé la cara, que quien me he creido que soy, que le eche huevos a la cosa y le diga cual es mi puto problema. ¿Cuál es mi problema? Joder, está hasta el culo de farlopa, histérico, no le veo la cara pero me la imagino, los ojos desorbitados, los pómulos arrancándole la piel por momentos, la mandíbula desencajada, sudando sucio. Y me pregunta a mi cual es mi problema. Abro la puerta del báter para que deje de golpearla y entonces me golpea a mí.



Dos pasos para atrás. Me encojo y me tapo la cara con la mano. El agua del grifo de la bañera sigue saliendo a presión. Guillaume ha vuelto al salón renegando, murmura algo para sí. No entiendo otra cosa que “coño, la puta, quien se ha creido, encima que yo…”. Me duele la nariz. Me ha golpeado en la nariz. Me ha golpeado fuerte en la nariz. Pero tampoco me sale sangre. Pero da igual. Me jode mogollón, me jode mogollón que me tenga que poner la mano encima. No lo entiendo. Es la última vez. Esta vez le reviento. Me levanto y salgo del cuarto de baño y corro hacia él, que no me ve, que está de espaldas, cojo el palo de la fregona y le doy bien fuerte en la espalda. Guillaume se gira. Yo me protejo con el palo, y le grito, estoy histérica, estoy que mato a alguien, le grito que es la última vez que me toca, que yo soy yo, que no soy… Pero Guillaume me coge el palo de la fregona, me lo quita de las manos y me empuja, tirándome con fuerza al suelo. Me está gritando. No entiendo lo que me dice. Es como si hablara en otro idioma, o cuando coges un disco y lo pones al revés. Coge la botella que estaba bebiendo y me la tira encima. Bueno, al lado. Me la tira al lado. Y yo escondo la cabeza y la botella estalla y todos los pequeños trocitos de cristal salen volando, y entonces me acuerdo de que estoy desnuda. Y espero que no me haya cortado. Y Guillaume también está desnudo, y espero que él no se haya cortado. Y Guillaume sigue tirándome cosas, libros, vasos, muebles pequeños. Sigue tirándolos al lado mio, que es peor que tirarlos encima mio. Y sigue gritando. Y de golpe, ya no oigo nada. Sus pasos, y como tela, como si se pusiera ropa, y la puerta de la calle que se cierra de un portazo. Y luego, algo que podría ser silencio si no fuera porque del grifo de la bañera sigue brotando agua. Y ya sabes el ruido tan feo que hace eso. Levanto la vista. Y creo que no estoy llorando. No, no estoy llorando. Me levanto, con cuidado de no pisar ni tocar nada roto que me pueda herir. Miro a mi alrededor, no parece que hayan pasado dos minutos. No puede ser que en tan poco tiempo la casa haya cambiado tanto. Paso por encima de los restos de la batalla, con sumo cuidado. Y me acerco hasta el cuarto de baño, que está inundado de agua. Cierro el grifo de la bañera.

Tenía ganas de estar sola en casa. Pero ahora esta casa me escupe, no me quiere. Así que cojo algo de ropa, me lavo la cara, me arreglo. Me miro al espejo y sonrío. It’s show time!







Ilustraciones fusiladas a Blanquet.

Round 2



• Ext. Calle Casa Julia. Anochecer.

JULIA y GUILLAUME entran en el portal. Cierran la puerta tras ellos.

• Int. Casa JULIA. Dormitorio. Anochecer.

JULIA coge una bolsa y agarra unas cuantas cosas: Ropa, aseo, algún CD…

GUILLAUME entra, lleva un vaso de agua en la mano. Se sienta al borde de la cama. Bebe.

GUILLAUME
(sin soltarle) ¿Te puedo contar algo? (pausa) Es algo que me importa.

JULIA
(sin detenerse) Dime.

GUILLAUME
(bebe) Lo vi en un programa de esos que ponen cuando has acabado de comer, estaba ahí tirado, medio amodorrado y tampoco me enteré bien de lo que decían, pero la cosa era sobre elefantes. Me emocionó, ya ves tú. Es muy simple. (pausa) A los elefantes se les caen los colmillos varias veces en su vida, ¿no?, y luego les vuelven a crecer. Lo sabías, ¿no? Pues a la tercera o la cuarta que se les cae ya no les pueden salir más. No pueden, se acabaron los colmillos. Finito. Y ellos saben qué es la última vez y que sin colmillos no pueden alimentarse. Ellos saben que ahora sólo les queda morir. Lo saben.

GUILLAUME le coge la mano a JULIA, impidiéndola seguir recogiendo.
JULIA
Guillaume, no.

GUILLAUME
Espera, solo un momento. Solo un momento. (acariciándole la mano) (pausa) ¿Entonces qué pueden hacer? (pausa) Entonces van al cementerio de los elefantes. Lo has oído antes, ¿no? El cementerio de elefantes. Ahí es donde están los restos de sus familiares y los de su tribu. Ahí es donde tienen que acabar sus días, rodeados de la gente a la que quieren. En su casa.

GUILLAUME tira de la mano con delicadeza, haciendo que JULIA se siente a su lado.

GUILLAUME
Y todo eso es porque cuando ven que ya no les pueden salir más colmillos es que la cosa ya se acaba. Y no sufren. Tú tampoco sufrirías si supieras cuando te vas a quedar kaput, ¿verdad? Yo no. No sufriría. No tendría este puto miedo, no tendría… (pausa) Pero como no sé cuando, en vez de morir una vez en la vida me muero mil veces cada día. Y por eso cada día tengo que buscar mi cementerio. (pausa) Por eso te necesito cada día.

JULIA
(pausa) Bien.

JULIA se levanta y sigue recogiendo sus cosas.

GUILLAUME la observa. Vuelve a coger el vaso de agua. Bebe.

GUILLAUME mira el vaso, luego a JULIA.
Sin rabia, GUILLAUME tira el vaso al suelo, destrozándolo.

JULIA se asusta y le mira: Ve como GUILLAUME coge un trozo del cristal del suelo y con él se raja el brazo en la zona de la muñeca.

JULIA mira la muñeca de GUILLAUME, que empieza a sangrar.

GUILLAUME
Yo te quiero como a nadie.

JULIA mira a GUILLAUME, sentado sobre la cama, medio mareado, con la sangre manando de su brazo.

JULIA
(pausa) Tú eres imbécil. (coge el teléfono y marca, luego se lo da)

GUILLAUME
Te necesito, Julia.

JULIA
Dales la dirección, que te vas a desangrar.

JULIA coge sus cosas y sale de casa, mientras deja a GUILLAUME sangrando.

JULIA
El móvil te lo puedes quedar, que me estoy quitando.

GUILLAUME
Julia…

Round 1



• Int. Restaurante popular. Día.

En el televisor, emiten un documental sobre elefantes.

Es un bar-restaurante de platos combinados, pollo frito y clientela Valleinclanesca. Un camarero pone sendos platos de arroz con frijoles en la mesa donde están sentados ISI y FRANK.

FRANK
Las cosas buenas nunca cambian, ¿eh?

ISI
Ya te digo. (empieza a comer)

FRANK
Isi. Mientras no encuentres casa tú no te preocupes. Ahí en el bar tienes tu sitio. (se sirve un vaso de agua)

ISI
Gracias, hermano. (FRANK bebe) Estoy hasta la polla, tito. Estoy harto de ser un desgraciado.

FRANK
¿Qué te ha pasado?

ISI
Da igual, de verdad, lo que haya pasado. A veces creo que en el fondo mi destino es este, tito, que no valgo para mas, que ya está. A lo mejor más me vale empezar a aceptarlo ahora que soy joven.

FRANK mira a ISI en silencio. Mira su plato. Luego mira a ISI de nuevo.

FRANK
¿Sabes para qué he vuelto a Barcelona? (pausa) Lo sabes, ¿verdad?

ISI
Es tu casa, ¿no?

FRANK
Mira la peña, Isi. Mira. La gente vive rodeada de miedo, tito, de dolor, de miseria. De dolor. Podrían hacer algo para solucionar sus vidas. Pero no, cierran los ojos. Se esconden. Se auto-medican para no ver, para no sentir nada. Se… Televisión, cocaína, tabaco, relaciones de mierda, filosofía… Todos buscan una solución, ¿no? Y así nos convencemos de que estamos bien, de que somos felices. (pausa) Y una mierda. Y una puta mierda. Yo no estoy bien. Yo estoy muy jodido. Lo tengo aquí, dentro de mi, y eso no cambia. Pero yo sé que sufro, no me engaño, yo no engaño a nadie. Y trabajo, Dios lo sabe, (sonríe, cómplice) Jah lo sabe. (ISI ríe) El dolor es un motor, tío, el motor más potente que hay. El dolor me obliga a hacer lo que tengo que hacer. Ni más ni menos. (pausa) He tenido tiempo, tiempo para pensar, sí, y tiempo para no pensar más. No sé quien coño nos dijo que teníamos que ser felices, que la vida es bella. (pausa) Isi, que se lo crean eso los peleles, vale, ¿pero nosotros? ¿Nosotros? (pausa) Nos enfadamos con el mundo porque no nos da lo que tienen los demás, los ricos, los guapos, los que tienen suerte. Pues sabes qué te digo, yo no quiero lo que tienen ellos. Yo no quiero creer que soy feliz. Sí, hombre. La gente es muy feliz. Por eso se drogan constantemente, por eso no pueden dormir por las noches, por eso quieren demostrarse que son alguien, que se divierten, por eso caen en la trampa y consumen, y consumen, por eso se les escapa la vida ante sus ojos mientras hacen planes, mientras viven su vida de “felicidad”, por eso tienen tanta hambre de poder, de ser alguien, por eso tienen tantas ganas de romperle el culo a los demás, de estar arriba. Por eso tienen tanto miedo. Por eso escapan. (pausa) Todo vale, Isi, todo vale. Esa es la libertad en la que vivimos, todo vale, sí. ¿Sabes? (pausa) Pero al final solo cuenta una cosa. (pausa) ¿Sabes qué es lo que cuenta al final?

ISI
(pausa) ¿Qué?

FRANK
Yo he vuelto a Barcelona para estar en paz. Voy a arreglar el Bar Amparo de arriba abajo. Cuando mi madre salga del centro quiero que lo vea todo como nuevo, como al principio. (se sirve otro vaso) El mundo no ha hecho nada por mí. ¿Pero yo qué he hecho por el mundo? ¿Qué hago yo? (bebe) ¿Quieres que la vida te trate bien? (pausa) Siembra.

Dicho esto, FRANK empieza a comer.

FRANK
Joder, ya te digo. (saborea) Ya ves. Ahora sí que estoy en casa.

ISI mira a su amigo, tocado por el discurso.