Pienso en el consejo que le daba García Lorca a sus amigos:
“El secreto de la felicidad. Traza un mapa de tu deseo y vívelo en armonía y belleza.”
(extracto de mi intervención en el libro "27 de Septiembre", de próxima publicación, editado por Esmeralda Berbel)
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27 de Septiembre
de la especie de
¿Donde están mis amigos?,
27 de Septiembre,
Autopromoción flagrante,
Autor y Guionista,
Crónicas de mi Moleskin,
lorca,
Música muy guelas,
referentes
¿Pero tú te has informEEEEo?

Se aproxima,
niño barbudo,
un país suave.
Y que haya que cerrar
las ventanas por la noche,
y apagar el zumbido
de los ventiladores
nos facilitará las cosas.
Amparémonos
en este frío
y plantemos enredaderas
de invierno.
Banda sonora no original.
Todos invitados.

Sincroniza tu reloj,
conéctalo a tus ojos,
que cada "tic tac" sea un parpadeo,
un limpia-parabrisas que haga más diáfana la carretera.
Desnuda las orejas,
hagamos entre todos un túnel amplio
de tímpano a tímpano.
Ensanchemos los pulmones,
tanto que quepan dentro
las cuatro estaciones del año.
Dejemos que las hojas caigan por su propio peso,
cuando ya no posterguen su destino
de ser compost.
Lustroso y afilado,
el sable quieto en la cintura;
no nos interesa la épica frenética
que febrilmente excitaba a Bertrand de Born,
por más que saborees
la sangre fresca que guardas en el cielo de la boca.
Anclado en el sexo,
como un fakir que reposa
sobre las brasas,
nota como el viento azota tu piel
y cambia la forma de las dunas.
Esas ondas mudas que bailan
son las huellas de las yemas de tus dedos,
enamoradas del caos,
como los cristales brillantes de colores
de un caleidoscopio.
Han venido aquí para sorprenderte,
es lo que ellas entienden por una fiesta.
Y estamos todos invitados.
Teen
Suenas como una canción
de la época berlinesa de Lou Reed.
Y yo me siento como un tema punk
de dos minutos y medio.
Descubro que la mejor manera de observarte
es sin que lo percibas.
Como un adolescente que se sube de puntillas a la puerta del vestuario de las chicas
con miedo y excitación por ser descubierto.
Llama ténue,
desde lejos esbozo el guión de sus idas y venidas.
Tal vez encuentre un flanco
desde donde despejar la nube.
Pego la oreja a los raíles
e intento distinguir el rumor.
Adivino una música lejana:
Parece que me llama.
de la época berlinesa de Lou Reed.
Y yo me siento como un tema punk
de dos minutos y medio.
Descubro que la mejor manera de observarte
es sin que lo percibas.
Como un adolescente que se sube de puntillas a la puerta del vestuario de las chicas
con miedo y excitación por ser descubierto.
Llama ténue,
desde lejos esbozo el guión de sus idas y venidas.
Tal vez encuentre un flanco
desde donde despejar la nube.
Pego la oreja a los raíles
e intento distinguir el rumor.
Adivino una música lejana:
Parece que me llama.
Sentimiento popular.
Daban un telefilme el otro día sobre lo de siempre:
Desencuentros entre chico y chica.
Lo de siempre.
Lugares comunes.
No salía Matthieu Amalric fumando constantemente con sus ojos de sapo sentimental, rodeado de francesas bellas que cantan ópera y de franceses elegantes que fuman tanto como él.
Más bien jóvenes famosos desubicados a los que les roban miles de euros en un burdel,
ex-novias obsesivas,
llamadas intempestivas sollozantes,
ataques de violencia ante las fuerzas del orden,
groupies ambiciosas en conciertos de rock provinciano,
y artistas de performance aficionados a los IPhone y la auto-lesión.
Ya sabes. Lo de siempre.
Por suerte para mí, una tormenta acabó con mi sintonizador de la TDT.
Y fue entonces que entendí lo necesario de una buena alimentación,
y que sólo hay un camino.
Sólo uno.
Que no hay mayor escupitajo a la cara del miedo que amar lo inexplicable.
Que el conductor del Rickshaw espera que le pidas que acelere,
y que cuando lo haces te responde con una sonrisa que dinamita cualquier melodrama.
Tan sólo tengo una pregunta:
¿Era necesario ir a cenar esta noche a un japonés?
Y aún tendría otra más:
¿Lo de siempre?
Desencuentros entre chico y chica.
Lo de siempre.
Lugares comunes.
No salía Matthieu Amalric fumando constantemente con sus ojos de sapo sentimental, rodeado de francesas bellas que cantan ópera y de franceses elegantes que fuman tanto como él.
Más bien jóvenes famosos desubicados a los que les roban miles de euros en un burdel,
ex-novias obsesivas,
llamadas intempestivas sollozantes,
ataques de violencia ante las fuerzas del orden,
groupies ambiciosas en conciertos de rock provinciano,
y artistas de performance aficionados a los IPhone y la auto-lesión.
Ya sabes. Lo de siempre.
Por suerte para mí, una tormenta acabó con mi sintonizador de la TDT.
Y fue entonces que entendí lo necesario de una buena alimentación,
y que sólo hay un camino.
Sólo uno.
Que no hay mayor escupitajo a la cara del miedo que amar lo inexplicable.
Que el conductor del Rickshaw espera que le pidas que acelere,
y que cuando lo haces te responde con una sonrisa que dinamita cualquier melodrama.
Tan sólo tengo una pregunta:
¿Era necesario ir a cenar esta noche a un japonés?
Y aún tendría otra más:
¿Lo de siempre?
de la especie de
Cacamosca lifestyle,
Coleta la poeta,
Crónicas de mi Moleskin,
la verdadera naturaleza del amor,
Música muy guelas
Premonición
Celebro tu funeral regalándome un día de fiesta.
No creía que estuviera en mi naturaleza el vivir estos duelos.
De hecho, ayer me lo explicaban en un bar de cócteles.
Compadecí a la chica por sufrir cierta muertes.
Y, como si sus palabras hubiesen sido una premonición, veinticuatro horas después me veo obligado a hacerte una visita al tanatorio.
Se despierta mi naturaleza necrófila y brindo por tu cuerpo inerte.
Ahora sí que podremos amarnos.

Fotografía de Lan Dry.
No creía que estuviera en mi naturaleza el vivir estos duelos.
De hecho, ayer me lo explicaban en un bar de cócteles.
Compadecí a la chica por sufrir cierta muertes.
Y, como si sus palabras hubiesen sido una premonición, veinticuatro horas después me veo obligado a hacerte una visita al tanatorio.
Se despierta mi naturaleza necrófila y brindo por tu cuerpo inerte.
Ahora sí que podremos amarnos.

Fotografía de Lan Dry.
Tarde de primavera en Fez.

-The mind separates us from animals.
-I don't know, my friends are mostly animals.
-You know, all evil in the world, is a punishment for our sexual deviances.
-What do you mean?
-What do I mean? Katrina, for example. You know hurricane Katrina? Why do you think god gave us the Katrina?
-I don't know. Why?
-Because of gay people.
-You think so?
-You like gay people?
-I don't care.
-What is good with gay people?
-I'll tell you one good thing, for instance. The more gays there are around, the easiest you can score with women. If all man are gay, all the women are for you, my friend.
-There is only one God, my friend.
-There is only one?
-Yes, Allah. That is the one God. Allah.
-And Allah gave us the Katrina because of the gays? He's not very nice, is he?
-Allah gives us rules to live by. If we don't follow them he can punish us. Like pig, for instance. Allah says we don't have to eat pig because pig is impure.
-I don't find pig impure. I find it pretty yummy, actually.
-Let me ask you a question. Where do you want to go when you die?
-I don't know.
-You don't know?
-Life is pretty hard at the moment. I'll see when I die.
-You have to choose. Where do you want to go, my friend? Heaven or hell?
-I want to go where the people I love are.




-I see you are organizing a showing of MILK, the film by Gus Van Sant.
-Yes, I haven't seen it yet. My friend says its wonderful.
-It's pretty brave to show it around here, isn't it?
-Well, people know what we are about. We'll have to make some adjustements with some sensibilities, but it's ok.
-Do you find some parallelisms with the plot in the film and the situation around here?
-I don't know, I'll have to see it.
-Yes, of course.
-But, you know? This is a very special moment. You know I met my arab boyfriend on a gay website? Things are happenning here in Fez. I don't know if we're talking about big things or about small things. But things are happenning and it's very exciting to be a part of it.






-Where are you from?
-I was born in France.
-Where were you raised?
-I was raised in Paris. But I've been travelling for a while. And now I'm here, in Morocco.
-Where have you been travelling?
-Well, I have been living for two years in Afganistan.
-Afganistan?
-Yes.
-How come? I mean, of all the possibilities...
-I had the chance to chose anyplace. I chose Afganistan. I worked there as a manager in a French Restaurant. It was hard. I once saw a bus explode and thirty people dying. Well, I didn't count them, I kow there were thirty because I read the paper the next day. Children and all. But I guess I needed a change. I was having a hard time in Paris.
-Women?
-No.
-Drugs?
-Yes.
-So to kick off drugs you go to Afganistan, huh?
-I figured if I could survive that I could survive anything.






-Hemos visto amapolas por aquí. Voy a plantar unas pocas. A ver si en un tiempo puedo volver y encontrar opio. Ahora vengo.



Las fotos las han hecho Paul Biehn y Omar Chennafi. Las fotos se me han desordenado un poco, así que no sé de quién es cuál. Perdonen las molestias.
Alaikum Salaam.
de la especie de
¿Donde están mis amigos?,
Crónicas de mi Moleskin,
De viaje por el sol en una nueva dimensión,
Marruecos Mon Amour,
Vida
Me quedan 20
"Estoy en la estación de autobuses de Udaipur, rodeado de bocinazos y más bocinazos. Pasa un perro con la señal tan característica de la frente, en color verde.
Creo que estoy empezando a dejarme poseer por el espíritu del viaje.
Esta será mi octava noche. Me quedan veinte.
(...)

Ayer por la noche me encontré a la Canadiense al dirigirme a la puerta de mi habitación en la Guest House. Ella acababa de llegar. Ilusiona encontrar alguien con quien charlar en esas noches solitarias. Y casi siempre hay alguien.
Nos sentamos ante el, medio seco, lago y comí un poco mientras conversábamos.
Hocico con hocico, amigo, todos los que viajamos solos por la India buscamos algo, o bien huimos de algo. La Canadiense, C., es una higienista dental que planea viajar hasta noviembre sola por este país, hasta que se encuentre con su novio con el que se irá a Bali. Tiene veintiocho años y huye de un aborto y el duelo que le causó. De eso hace medio año, aún busca una serenidad que le cure.

(...)
Por la mañana, desayunando con C., teníamos delante dos chicas de Austria que cotorreaban en ese idioma pijo que es universal en todas las lenguas. Se unieron a la conversación; resulta que una de ellas, la más guapa, con cara de niño travieso, pendientes de perla e impostado entusiasmo, había descubierto esa mañana que la habían aceptado en una escuela de arquitectura de interiores en París. La otra, su amiga, le felicitaba con esas muestras de alegría tan clásicas de las teleseries adolescentes norteamericanas. Lo dicho, un par de pijas.
C. las invitó a venir con nosotros al Templo del Monzón. Decidí seguir el hilo, al menos sería más económico así.
Las tres juntas se convirtieron en el epítome del guiri occidental neo-colonialista, arrogantes, agresivas y desconfiadas, discutiendo con los chavales de los Rickshaw, a la defensiva sin ningún tipo de clase.
Yo iba con ellas.

Es curioso, C. parecía una muchacha minimamente sensata, hasta que se mezcló con estas dos y se unió a su raza ciega, sorda y muda.
Juntas se dedicaban a hablar de lo mucho que compraban y lo que ahorraban con una impunidad que me violentaba. Es verdad que todos estamos en el mismo barco, los guiris, los turistas, los "foreigners", pero este grupito hacía una ostentación que me confirmaba que no estamos tan lejos de la época de las colonias y los indios sumisos: "Yes, sahib, yes, sahib."
El rickshaw nos llevó hasta lo alto de la montaña, después de varios rifirafes. Tal vez me lo invento, pero no me costaba adivinar la mirada silenciosa de humillación en los ojos del conductor, a disgusto de tener que tratar con cierto tipo de gente, obligado por cultura y por economía a no responder al "agravio".

El templo del Monzón es un compendio de piedras descuidadas, lo que en su dia fue un palacio suntuoso de marajás es ahora una letrina gigante con una excusa de museo de fotos de animales como coartada. Se adivina el pasado lujoso entre vapores de orín, que es uno de los olores clásicos de este país.
Lo pensé nada más llegar a Udaipur, mirando al lago desde lo que en algún momento debió ser un templo o una fortaleza o algo similar. La construcción humana, las grandes aspiraciones, habían caido por su propio peso, y ahora las plantas, salvajes, dominaban el lugar, vacas escuálidas, insectos, basura, lagartos, y el lago que crecía y decrecía a sus anchas. India, toda ella, es el Jardí Abandonat que Rusiñol buscó toda su vida.
Un policía que había estado observandome un buen rato desde otra torre, indolente, con varios amigos estirados y perezosos, terminó por decirme con amabilidad que yo era not allowed de estar allí, rompiendo mis ensoñaciones. En este país hasta la autoridad militar practica la cortesía.

Volviendo al Palacio del Monzón, desde arriba de todo podía ver como la niebla se apoderaba con parsimonia del verde de Udaipur. Mi mente no quería dejar de entretenerse con estrategias profesionales.
Abajo podía ver un grupo de jóvenes del que destacaba un muchacho de bigote espeso y atuendo parodicamente occidentalizado: Gafas de sol, camiseta de Slayer y móvil de última generación del que sonaba pop negro yanqui. Una rara avis. El único imitador occidental que he visto en este país donde hasta los más jóvenes actuan con respeto y deseo de pertenencia a la comunidad y a sus tradiciones. Los jóvenes me sonreían y miraban a las chicas, tan rubias ellas, tan blancas. Las chicas cuchicheaban y se reían de los muchachos, tan tercermundistas ellos.
En cuanto volvimos al pueblo huí de la "aristocracia" norte-europea y me senté a dibujar el lago y a leer un poco de Veronesi. Esa noche cogí mis dos mochilas e inicie el camino hacia Jaisalmer.
Me senté a escribir en la parada de autobuses. A mi lado, una viajera china solitaria con ese aire de desubicación que tienen todos los viajeros orientales solitarios. Delante mio, unos muchachos y un tipo embriagado que mira fijamente a la turista china como si fuera un coño volador a control remoto.

Un pequeño inciso sobre la muchachada india. Es increible lo tranquilos que son los indios en general, pero los jóvenes parecen de ciencia-ficción: No son presa de ese constante mear el territorio del que el resto de jóvenes del mundo con los que me he encontrado somos tan cautivos. No parecen competir entre ellos con esa compulsividad que tan bien conozco. Se tratan con camaradería, serenidad. Y cuando aparece una chica, las raras veces que eso ocurre, no hacen ningún concurso a ver quien la tiene más grande.
Tal vez me equivoque, pero pudiera ser que esto tenga que ver con el hecho de que saben que su futura esposa(y, por supuesto, serán monógamos(?)) será escogida por sus padres. No tienen ninguna necesidad de venderse ni de luchar entre ellos, esa ansiedad se la ahorran.

Empiezan a llegar más turistas a la estación, la mayoría rostros conocidos. Unos italianos, una de ellas una chica de mirada triste a la que regalé filtros en un roof-top, una pareja de guapos...
Pasa un perro con la señal tan característica en la frente, en color verde.
Esta será mi octava noche. Me quedan veinte."
Las fotos son del colega Quim Hugas. Puedes verlas todas aquí.
Creo que estoy empezando a dejarme poseer por el espíritu del viaje.
Esta será mi octava noche. Me quedan veinte.
(...)

Ayer por la noche me encontré a la Canadiense al dirigirme a la puerta de mi habitación en la Guest House. Ella acababa de llegar. Ilusiona encontrar alguien con quien charlar en esas noches solitarias. Y casi siempre hay alguien.
Nos sentamos ante el, medio seco, lago y comí un poco mientras conversábamos.
Hocico con hocico, amigo, todos los que viajamos solos por la India buscamos algo, o bien huimos de algo. La Canadiense, C., es una higienista dental que planea viajar hasta noviembre sola por este país, hasta que se encuentre con su novio con el que se irá a Bali. Tiene veintiocho años y huye de un aborto y el duelo que le causó. De eso hace medio año, aún busca una serenidad que le cure.

(...)
Por la mañana, desayunando con C., teníamos delante dos chicas de Austria que cotorreaban en ese idioma pijo que es universal en todas las lenguas. Se unieron a la conversación; resulta que una de ellas, la más guapa, con cara de niño travieso, pendientes de perla e impostado entusiasmo, había descubierto esa mañana que la habían aceptado en una escuela de arquitectura de interiores en París. La otra, su amiga, le felicitaba con esas muestras de alegría tan clásicas de las teleseries adolescentes norteamericanas. Lo dicho, un par de pijas.
C. las invitó a venir con nosotros al Templo del Monzón. Decidí seguir el hilo, al menos sería más económico así.
Las tres juntas se convirtieron en el epítome del guiri occidental neo-colonialista, arrogantes, agresivas y desconfiadas, discutiendo con los chavales de los Rickshaw, a la defensiva sin ningún tipo de clase.
Yo iba con ellas.

Es curioso, C. parecía una muchacha minimamente sensata, hasta que se mezcló con estas dos y se unió a su raza ciega, sorda y muda.
Juntas se dedicaban a hablar de lo mucho que compraban y lo que ahorraban con una impunidad que me violentaba. Es verdad que todos estamos en el mismo barco, los guiris, los turistas, los "foreigners", pero este grupito hacía una ostentación que me confirmaba que no estamos tan lejos de la época de las colonias y los indios sumisos: "Yes, sahib, yes, sahib."
El rickshaw nos llevó hasta lo alto de la montaña, después de varios rifirafes. Tal vez me lo invento, pero no me costaba adivinar la mirada silenciosa de humillación en los ojos del conductor, a disgusto de tener que tratar con cierto tipo de gente, obligado por cultura y por economía a no responder al "agravio".

El templo del Monzón es un compendio de piedras descuidadas, lo que en su dia fue un palacio suntuoso de marajás es ahora una letrina gigante con una excusa de museo de fotos de animales como coartada. Se adivina el pasado lujoso entre vapores de orín, que es uno de los olores clásicos de este país.
Lo pensé nada más llegar a Udaipur, mirando al lago desde lo que en algún momento debió ser un templo o una fortaleza o algo similar. La construcción humana, las grandes aspiraciones, habían caido por su propio peso, y ahora las plantas, salvajes, dominaban el lugar, vacas escuálidas, insectos, basura, lagartos, y el lago que crecía y decrecía a sus anchas. India, toda ella, es el Jardí Abandonat que Rusiñol buscó toda su vida.
Un policía que había estado observandome un buen rato desde otra torre, indolente, con varios amigos estirados y perezosos, terminó por decirme con amabilidad que yo era not allowed de estar allí, rompiendo mis ensoñaciones. En este país hasta la autoridad militar practica la cortesía.

Volviendo al Palacio del Monzón, desde arriba de todo podía ver como la niebla se apoderaba con parsimonia del verde de Udaipur. Mi mente no quería dejar de entretenerse con estrategias profesionales.
Abajo podía ver un grupo de jóvenes del que destacaba un muchacho de bigote espeso y atuendo parodicamente occidentalizado: Gafas de sol, camiseta de Slayer y móvil de última generación del que sonaba pop negro yanqui. Una rara avis. El único imitador occidental que he visto en este país donde hasta los más jóvenes actuan con respeto y deseo de pertenencia a la comunidad y a sus tradiciones. Los jóvenes me sonreían y miraban a las chicas, tan rubias ellas, tan blancas. Las chicas cuchicheaban y se reían de los muchachos, tan tercermundistas ellos.
En cuanto volvimos al pueblo huí de la "aristocracia" norte-europea y me senté a dibujar el lago y a leer un poco de Veronesi. Esa noche cogí mis dos mochilas e inicie el camino hacia Jaisalmer.
Me senté a escribir en la parada de autobuses. A mi lado, una viajera china solitaria con ese aire de desubicación que tienen todos los viajeros orientales solitarios. Delante mio, unos muchachos y un tipo embriagado que mira fijamente a la turista china como si fuera un coño volador a control remoto.

Un pequeño inciso sobre la muchachada india. Es increible lo tranquilos que son los indios en general, pero los jóvenes parecen de ciencia-ficción: No son presa de ese constante mear el territorio del que el resto de jóvenes del mundo con los que me he encontrado somos tan cautivos. No parecen competir entre ellos con esa compulsividad que tan bien conozco. Se tratan con camaradería, serenidad. Y cuando aparece una chica, las raras veces que eso ocurre, no hacen ningún concurso a ver quien la tiene más grande.
Tal vez me equivoque, pero pudiera ser que esto tenga que ver con el hecho de que saben que su futura esposa(y, por supuesto, serán monógamos(?)) será escogida por sus padres. No tienen ninguna necesidad de venderse ni de luchar entre ellos, esa ansiedad se la ahorran.

Empiezan a llegar más turistas a la estación, la mayoría rostros conocidos. Unos italianos, una de ellas una chica de mirada triste a la que regalé filtros en un roof-top, una pareja de guapos...
Pasa un perro con la señal tan característica en la frente, en color verde.
Esta será mi octava noche. Me quedan veinte."
Las fotos son del colega Quim Hugas. Puedes verlas todas aquí.
de la especie de
¿Donde están mis amigos?,
Crónicas de mi Moleskin,
De viaje por el sol en una nueva dimensión,
Incredible India Incredible Nepal,
Música muy guelas
Siete Siete
I. En el cuerpo está la clave.

II. En el alma, la fuente.

III. En el silencio, la raíz.

IV. En la soledad, la luz.

V. En la renuncia, el avanzar.

VI. En el compartir, la esencia.

VII. En la humildad, la fuerza.

A veces hay que revisitar a los clásicos.

II. En el alma, la fuente.

III. En el silencio, la raíz.

IV. En la soledad, la luz.

V. En la renuncia, el avanzar.

VI. En el compartir, la esencia.

VII. En la humildad, la fuerza.

A veces hay que revisitar a los clásicos.
De Ajmer a Udaipur, acordandome de P.
"La chica belga desapareció al bajar del autocar en Ajmer, bajo la lluvia, en la oscuridad, rodeados del ruido de coches, bocinas, sombras aquí y allá, movimiento y ruidos apretándose entre sí. La vi meterse en su autocar, no sin cierto temor, sola, pequeña y tan desubicada como yo. Y así, ella también, desapareció.
Al poco vino a buscarme un motocarro conducido por acaso otro indio deshidratado y con bigote. "This (y le señalé el motocarro) to Udaipur?" "No. This to other bus station."
Se necesita hacer un verdadero acto de fe para subirse a ese motocarro y esperar llegar a tu destino, no solo porque no hay ningún distintivo oficial aparte de los gritos y monosílabos con los que te aturden más caras y voces de los que puedes contar, sino por el tráfico de pesadilla infernal.
Creo que comprendo la razón por la que no hay accidentes constantemente: La escasa velocidad de sus motores. No quiero ni imaginarme que podria suceder si dispusieran de más caballos de potencia.
Otro apunte curioso de su manera de conducir es que, aunque aprieten la bocina como el que respira hondo, aunque estén constantemente esquivándose los unos a los otros, no parecen agresivos. O al menos no tanto como lo somos nosotros, nosotros, en cuanto nos ponemos al volante.
En el motocarro, entre una trinchera y otra, me sentí lleno.
(...)
Mi asiento (en el autocar) parecía estar debajo de una cascada y tuve que cambiarme. (...) Hasta que no se durmieron los indios que se sentaban cerca mío no dejaron de explicarme como podían la historia de Udaipur, y de glosarme las ventajas de la monogamia hindú: "Una mujer, un hombre. Un hombre, una mujer. No diseases. Foreigners, diferent." Me lo decía un afable y entusiasta hombre, algo más redondeado de lo normal, que iba a Udaipur a buscar trabajo. Parecía un buen tipo, me supo mal mentirle cuando me preguntó por mi procedencia y mi trabajo.
Cuando por fin quedamos en silencio pude disfrutar de mi soledad. Me acordé de P. y sentí que le comprendía, a él, a su estilo de vida nómada y a sus silencios.
Me sentí feliz, más fuerte. Capaz. Estaba aprehendiendo algo.
Debo decir que incluso tuve cierto subidón.
Paramos unos minutos. Ya no llovía tanto y, de un autobús vecino, sonaban viejos temas de Bollywood, melosos, curvos, melancólicos. Detrás mio, algún compañero de autocar tarareaba acompañando la melodía."
de la especie de
¿Donde están mis amigos?,
Crónicas de mi Moleskin,
De viaje por el sol en una nueva dimensión,
Incredible India Incredible Nepal,
Música muy guelas
El barbero del Rajastan
"En Lake View conocí a Daniel, un ex-pat norteamericano que lleva veinte años en Amsterdam; cuarentaytantos, juvenil, actor, solitario y extrovertido(como buen solitario), profesor de economía, locutor de radio... De alguna manera es el Papá Pitufo de los back-packers. (...)
Hay algo de los ex-pats yankis (ex-patriados, aquellos que abandonan norteamérica y se vienen a vivir a Europa) que siento cercano, son como personajes de Patricia Highsmith con el eximiente de que, normalmente, no han matado a nadie.
(...)
Con Cristian subimos hasta el templo de Savitri, empinado y rocoso. Una vez arriba bailamos con el joven de la tienda de flores: "I need a room partner. I need a room partner". (...) Cristian parece el tipo de joven que vive profunda pero sencillamente cada momento. Drástico y honesto, boca abierta y ojos fijos. (...)
Desde ahí arriba se podía ver todo el pueblo. Mientras bajábamos, una procesión de hombres y mujeres subía para su ritual nocturno. No nos saludaron. Los monos y las vacas tampoco.
Esa fue una noche de ritos. En el lago, a medianoche, los jóvenes se bañaban en uno de esos rituales que parecen más una juerga que otra cosa.
En la habitación hacía demasiado calor, y el ventilador no funcionaba. Afuera en la calle los jóvenes marchaban y gritaban cánticos. Yo fumaba y les observaba desde la protección de mi cuarto. Creo que me tiraron una piedra a la ventana y todo.
(...)
Para un turista asustado, y todos lo estamos en la India, dejarse afeitar con navaja no deja de ser un acto de valor. Ese valor sencillo que acompaña a Cristian.
Al ver que tenía público, el barbero se animó por momentos y al terminar el afeitado se esmeró en un masaje místico y sobreactuado, en el que agarraba la energía que venía del aire y se lanzaba a su entregado cliente. Daniel lo grabó.
(...)
Un rato después, los tres viajeros solitarios hablábamos de mujeres al atardecer. Era cuestión de horas que llegara ese momento.
En la avenida principal seguían marchando los peregrinos, con sus bastones y sus gritos, ninguno mayor de veinte. El sol empezaba a esconderse entre las montañas.
Daniel sonrió, pelirrojamente, y nos regaló dos velas, una a cada uno: "I didn't use these candles. I'll give them to you under one condition. Only use them if you are with a girl. And if you find it too straight forward just say you promised your friend Daniel you would do it. There is also another condition. You have to send me an e-mail telling me how and when you have used it. No details necessary. And if you two handsome young guys don't find a way to light your own respective candle I'll be very disappointed."
Tras esto, se levantó y con una inclinación de cabeza, una mano en la frente y un "namasté" desapareció de nuestra vista.
Así desaparece la gente en los viajes. Un segundo es la diferencia entre formar parte de tu horizonte y no existir para siempre mas.
Así desaparece, aunque nos olvidemos a menudo, la gente en general."
Hay algo de los ex-pats yankis (ex-patriados, aquellos que abandonan norteamérica y se vienen a vivir a Europa) que siento cercano, son como personajes de Patricia Highsmith con el eximiente de que, normalmente, no han matado a nadie.
(...)
Con Cristian subimos hasta el templo de Savitri, empinado y rocoso. Una vez arriba bailamos con el joven de la tienda de flores: "I need a room partner. I need a room partner". (...) Cristian parece el tipo de joven que vive profunda pero sencillamente cada momento. Drástico y honesto, boca abierta y ojos fijos. (...)
Desde ahí arriba se podía ver todo el pueblo. Mientras bajábamos, una procesión de hombres y mujeres subía para su ritual nocturno. No nos saludaron. Los monos y las vacas tampoco.
Esa fue una noche de ritos. En el lago, a medianoche, los jóvenes se bañaban en uno de esos rituales que parecen más una juerga que otra cosa.
En la habitación hacía demasiado calor, y el ventilador no funcionaba. Afuera en la calle los jóvenes marchaban y gritaban cánticos. Yo fumaba y les observaba desde la protección de mi cuarto. Creo que me tiraron una piedra a la ventana y todo.
(...)
Para un turista asustado, y todos lo estamos en la India, dejarse afeitar con navaja no deja de ser un acto de valor. Ese valor sencillo que acompaña a Cristian.
Al ver que tenía público, el barbero se animó por momentos y al terminar el afeitado se esmeró en un masaje místico y sobreactuado, en el que agarraba la energía que venía del aire y se lanzaba a su entregado cliente. Daniel lo grabó.
(...)
Un rato después, los tres viajeros solitarios hablábamos de mujeres al atardecer. Era cuestión de horas que llegara ese momento.
En la avenida principal seguían marchando los peregrinos, con sus bastones y sus gritos, ninguno mayor de veinte. El sol empezaba a esconderse entre las montañas.
Daniel sonrió, pelirrojamente, y nos regaló dos velas, una a cada uno: "I didn't use these candles. I'll give them to you under one condition. Only use them if you are with a girl. And if you find it too straight forward just say you promised your friend Daniel you would do it. There is also another condition. You have to send me an e-mail telling me how and when you have used it. No details necessary. And if you two handsome young guys don't find a way to light your own respective candle I'll be very disappointed."
Tras esto, se levantó y con una inclinación de cabeza, una mano en la frente y un "namasté" desapareció de nuestra vista.
Así desaparece la gente en los viajes. Un segundo es la diferencia entre formar parte de tu horizonte y no existir para siempre mas.
Así desaparece, aunque nos olvidemos a menudo, la gente en general."
de la especie de
¿Donde están mis amigos?,
Crónicas de mi Moleskin,
De viaje por el sol en una nueva dimensión,
Incredible India Incredible Nepal,
Vida
Realidad y ficcion en Pushkar.
"Creo que recordaré esta ciudad por tocar al atardecer las tablas delante del Ghat sagrado, con unos cánticos religiosos al lado, veinte o treinta ratas rodeándonos y el frenesí del DUM-THAM-THAM en espiral concéntrica; y por Mukesh también.
(...)
Ya tenía los pantalones arremangados y las chanclas puestas. Metí los pies en el agua infecta que desbordaba la calle, como un bautismo humano, demasiado humano.
Sobre un carro llevado por un viejo escuálido, imagen nauseabunda pero también liberadora, porque veía el agua desbordando de la misma manera que mi libertad me estaba desbordando a mi, pensé en algo así como que la clave de la felicidad está en tomar las decisiones acertadas, como bien diría A.
Así llegué al Lake View Terrace. Pletórico.
Mas tarde me puse a pasear buscando un buen sitio desde el cual dibujar vacas, que es lo ultimo que hice.
Me sente en un chiringo donde un tipo gordo como una gota gorda de sudor banyaba harina en una piscina de aceite. Pronto se me acerco un ninyo con un nombre escrito a boli en el brazo, MUKESH. Uno de los numerosos ninyos que te persiguen con una especie de violin rudimentario colgado tras el brazo. Pedia comida y tal, ya sabes. No debia tener mas de 8 anyos, delgado, con la dentadura en un degrade caqui haciendo resaltar una sonrisa del tamanyo de un campo de futbol. Me puse a dibujarle. Y haciendolo me vi obligado a mirarle a los ojos.
Dibujando a Mukesh, este habia dejado de ser uno mas de esa horda que me atemoriza, o a la que prefiero ignorar, o a la que ni siquiera veo, que repiten su letania de "chapati, chapati, no money, money no good for children, no money, chapati..." Y a la que tu contestas con otra que suena tal que "namaste, no, thank you, no money, namaste"; son ninyos, pero te defiendes de ellos, del dolor que te crea ver estas infinitas encarnaciones de tus hijos y de ti mismo, que son una idea, un fantasma para mis pesadillas reales, un recargo abultado en la cuenta del primer mundo o de la vida en general.
Y, en ese momento, Mukesh era solo Mukesh. Puse su nombre bien grande. Y a cada trazo el sonreia al reconocerse. Le dibujaba la verruga de la nariz y el se la tocaba, comprobando ser el del dibujo. Y reia con los trazos de las orejas, y del pelo. Y me pedia con orgullo que dibujara su instrumento.
Y hoy cuando le he vuelto a ver me ha ensenyado el dibujo, doblado en su bolsillo. Luego, claro, me ha pedido "chapati, chapati..."."
(y 2)
"En mi ultimo paseo por Pushkar me encontre de nuevo con Mukesh, que alegremente hacia sus ultimas tentativas: Dinero, mi telefono, que no me marchara...
Nos dimos la mano con fuerza y luego se fue dando saltos.
Tal vez tenga razon Pasolini: Ir por la India es dejar un rastro de naufragos(y como te la ofrecen, a la que pueden no te sueltan!) esperando salir de un barco que se hunde por momentos."
(no acentos, no enyes, no money, no chapati)
Si yo te digo "Da", y tu me dices "Di"

Nanni Moretti lo sabe: Tal vez la mejor manera de afrontar el caos sea dándose la calma suficiente para escucharlo.
Dicta Dura
El orgullo ha sido como un manto reversible de pinchos.
Seca.
Mudo.

Voz perezosa, enigma vanidoso.
Es hora de destapar el reloj.
El juego del escondite: Descubrámonos para no encontrarnos.

Te intuyo. Como un asesino en el desierto, en duermevela y embozado de hachís.
Prometo romper, en dias alternos, cada página del guión.
Solo los niños valientes se atreven a entrar en el castell misteriós.
Sonámbulo, me he despertado con una regadera en una mano y una lupa en la otra.
¿Qué le voy a hacer? Estoy aquí para descubrir especies nuevas.

Es muy fácil: Primero arranca una página, cualquier página. Luego cógela de un extremo y del otro con ambas manos. Ahora estira con fuerza.
¿Ves?
Fotografías de Stephen Bergman.
Seca.
Mudo.

Voz perezosa, enigma vanidoso.
Es hora de destapar el reloj.
El juego del escondite: Descubrámonos para no encontrarnos.

Te intuyo. Como un asesino en el desierto, en duermevela y embozado de hachís.
Prometo romper, en dias alternos, cada página del guión.
Solo los niños valientes se atreven a entrar en el castell misteriós.
Sonámbulo, me he despertado con una regadera en una mano y una lupa en la otra.
¿Qué le voy a hacer? Estoy aquí para descubrir especies nuevas.

Es muy fácil: Primero arranca una página, cualquier página. Luego cógela de un extremo y del otro con ambas manos. Ahora estira con fuerza.
¿Ves?
Fotografías de Stephen Bergman.
Orcs

La habitación de hotel huele a casa de mi abuela.
Detrás de los balbuceos, el infinito.
Dibujo de Yuko Shimizu.
de la especie de
Coleta la poeta,
Crónicas de mi Moleskin,
De viaje por el sol en una nueva dimensión,
Ilustración y Comic,
Música muy guelas
Copiar y mentir

Me encanta despojarme.
Quitar capas de la madera que he robado del tiesto hasta que tengo las uñas negras.
Cuando hubo silencio en el bar, mi prima lo comprendió todo. Por suerte no llevaba el móvil encima y no vino nadie más.
Quiero vivir en una sauna que escupa mis toxinas constantemente. Y pegarme duchas de agua fria cada diez minutos para que mis poros de vuelvan musculosos como los actores de un peplum.
En el desagüe de Las Ramblas, A. hace proselitismo del valor de la mentira y la copia.
A. es un escéptico, seguramente en el fondo por romanticismo. Pero en algo me convence.
Copiar y mentir es una gran manera de despojarte de ti mismo.
Y tres. (lisergia de mayo)
Me siento Diga Diga Do por decisión inapelable y democrática.

Ocho de la tarde: Euforia cantarina. Mis vecinos ya la conocen.

Nueve de la noche: Sorna de macho alfa. Narciso en el trono.

Diez de la noche: Más euforia. El descontrol enseña la patita, con voz de clara de huevo. Nocilla para el ego: Se desborda el pan de crema de chocolate bicolor.

Medianoche: Viaje por las arenas movedizas del pecho. Denso paseo en barca con Caronte. Estaba mirando para otro lado. Me cuesta escuchar.

Tres de la madrugada: Me he quedado blando. Siento los músculos desplazados de lugar. Pero no estoy triste, aunque no soporto el silencio.

Diez de la mañana: Resaca. Iluminación serena. Pero sigo con hambre.

Voy a tener que nadar y escribir mucho para quemar toda esta purpurina que llevo en la sangre.
No pienso mover un músculo hasta que estos no recuperen su posición original.
Collages de William L Philyaw.

Ocho de la tarde: Euforia cantarina. Mis vecinos ya la conocen.

Nueve de la noche: Sorna de macho alfa. Narciso en el trono.

Diez de la noche: Más euforia. El descontrol enseña la patita, con voz de clara de huevo. Nocilla para el ego: Se desborda el pan de crema de chocolate bicolor.

Medianoche: Viaje por las arenas movedizas del pecho. Denso paseo en barca con Caronte. Estaba mirando para otro lado. Me cuesta escuchar.

Tres de la madrugada: Me he quedado blando. Siento los músculos desplazados de lugar. Pero no estoy triste, aunque no soporto el silencio.

Diez de la mañana: Resaca. Iluminación serena. Pero sigo con hambre.

Voy a tener que nadar y escribir mucho para quemar toda esta purpurina que llevo en la sangre.
No pienso mover un músculo hasta que estos no recuperen su posición original.
Collages de William L Philyaw.
de la especie de
Cacamosca lifestyle,
Coleta la poeta,
Crónicas de mi Moleskin,
Ilustración y Comic,
Música muy guelas,
referentes
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